Miércoles 03 de marzo del 2010 Tiempo Libre

Surrealismo musical en Diva Nicotina

Por Sergio Pérez

Crítica de música

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El grupo colombiano Velandia y La Tigra durante una interpretación en el Café Habano Diva Nicotina.

Eduardo y Lilliana Jurado han convertido a Diva Nicotina en la vitrina artística de la vanguardia musical en Guayaquil, en donde cumplir el lema musical “Dígale no a los covers” es un requisito mínimo para poder tocar y la originalidad no tiene límite.

Velandia y La Tigra, provenientes de Colombia, se presentaron con un público muy conocedor, desde Lucas Napolitano –digno portador del talento familiar– hasta Xavier Latin Jazz Galarza, y el mismo dueño, Eduardo Jurado, quien los había visto en Bogotá, así como muchos jóvenes ávidos de ruptura y nuevas ideas.

¡Y vaya que llenaron las expectativas! De entrada, el líder, compositor y mentalizador, Edson Velandia, se acomodó al micrófono mientras se colocaba una máscara festiva de un burro para comenzar a narrar, medio en verso, mientras Henry Rincón, de gran desempeño, se adueñaba de la sección rítmica en batería; un talentoso Jorge Pardo en trompeta y teclados, así como Daniel Bayona en el bajo eléctrico.

El sonidista Camilo Bayona y un alucinado Paulo Quintero filmando en video completaban este equipo compacto de jóvenes artistas cuyo look desenfadado y totalmente casual no logra esconder un gran profesionalismo e incesante creatividad que fusiona recursos instrumentales del rock duro (sin embargo solo charrasqueando, nunca punteando la guitarra) y la melodía de una banda de pueblo con una trompeta multifacética que se mantiene siempre más allá de ser encasillada en alguna definición.

Edson Velandia, frontman por excelencia, declama a ratos como político, a ratos como vendedor ambulante, a ratos haciendo efectos de sonido en una suerte de realismo mágico, sexual y surrealista que parece combinar imágenes de García Márquez y Salvador Dalí, todo aderezado con una jerga impenetrable de la región de Bucaramanga que los identifica.

Y así en Compadre, con un tempo a full, Velandia adopta una modalidad contemplativa y personalista, diciéndole a su compadre, Julio Gutiérrez: “Perdóname por haberte dicho compadre, en vez de Julio”, para a continuación ofrecer un tributo-parodia de So What de Miles Davis, llamado Tons qué, con Jorge Pardo delineando lo esencial de la trompeta de Miles fusionada con un ritmo de bombo mientras preguntan: “¿Tos qué, mamita?”, que en derroche de musicalidad y humor fue lo mejor de la noche.

Solamente en El maestro y La balada hubo canto, y el humor reapareció en El paracaídas, mientras dice: “Estoy cayendo, pensando que soy una pelota de caucho... pero se estrelló contra el mundo”.

En Ánima, un rock muy animado, hay referencia a la droga: “Se te raja la lengua”; mientras, a nombre del grupo Velandia, grita: “¡Somos un circo ambulante!”, lo que describe esta especie de teatro del absurdo musical, cuya estudiada sencillez no puede ocultar que películas colombianas exhibidas en el Festival de Cine de Cannes llevan bandas sonoras compuestas por ellos y que el corresponsal de Rolling Stone en Colombia los tenga entre las diez mejores producciones discográficas de ese país.

Todo un suceso en el underground guayaquileño.

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