miércoles 03 de marzo del 2010 Cartas al Director

Sobre terremoto

Con gran pesar, luego del terremoto acontecido en Chile, van apareciendo las víctimas y los damnificados de esta tragedia. Un sismo de magnitud 8.8 grados es imposible de imaginarlo, nosotros en Ecuador, puesto que no nos ha tocado este tipo de tragedia en la historia contemporánea.

Cabe recordar los terremotos de Bahía, Ambato y de Esmeraldas en el siglo pasado. Aquí con sismos de 5 o 6 grados, que equivale a la energía liberada por 1.200 toneladas de TNT, seguramente nos asustamos y salimos de la casa. Pues, un sismo de 8 grados no es el doble de fuerte, sino muchísimo más, equivaliendo a 100 millones de toneladas de TNT de energía; debido a que la escala es logarítmica. Sin embargo, es notable la preparación de los ciudadanos chilenos en su forma de reaccionar durante la catástrofe, lo cual ha salvado miles de vidas, comparándola con Haití. La cultura ciudadana que los chilenos poseen con plena conciencia de estos fenómenos naturales, hace que nosotros tengamos que replantearnos sobre nuestra propia seguridad.

En el litoral ecuatoriano, la mayor parte de preparación que se posee ante riesgos naturales, es contra inundaciones, ante trágicas, las cuales no dejan sino pérdidas materiales y cultivos en la mayoría de los casos. Por otro lado suelo ver simulacros contra incendios en edificios e industrias, pero la prevención contra sismos es casi nula estando nuestro país en una zona caliente para este tipo de eventos. Los simulacros deberían empezar por los edificios gubernamentales, escuelas, colegios, y hospitales. Los bomberos hacen inspecciones a los edificios para cerciorarse de su estado ante incendios, pero, ¿quién comprueba el estado de las estructuras? ¿Las nuevas construcciones son realmente antisísmicas, y hasta qué grado? Nuestra infraestructura es muy vulnerable pero no tenemos conciencia de ello.

Quizás vemos los eventos de Haití y Chile como lejanos, sin pensar que estamos con la amenaza latente todo el tiempo. Si las autoridades no educan a la población, son los mismos ciudadanos, padres de familia, los responsables de cuidar la vida de los suyos informándose y aprendiendo los procesos de emergencia.

Jorge Coronel Quevedo,
ingeniero geólogo, Guayaquil

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