Atender las demandas indígenas ya era tarea difícil hace veinte años, cuando la Conaie convocó su primer levantamiento nacional. Hoy, gracias a las mentiras y engaños de sucesivos gobiernos, se ha convertido en un nudo gordiano, que costará muchísimo desatar.
¿Qué actitud se debería adoptar, por ejemplo, ante la resolución de la Conaie de expulsar a las empresas mineras y petroleras, nacionales y extranjeras, asentadas en tierras y territorios indígenas? ¿La organización indígena no imagina lo que ocurriría en los hospitales públicos sin los dólares que provienen del petróleo?
El actual Gobierno es uno de los principales responsables de estos vientos que anuncian tormenta. Utilizó políticamente a los indios, avivando su malestar, para después, cuando ya no los necesitó, maltratarlos y ofenderlos. Quizás ahora recién comprenda el régimen que la identidad indígena se ha convertido en fuego, con el que no conviene jugar sino actuar claramente como estadista.