Nos duele Chile, nos duele Haití. Nos duelen todas las víctimas de las catástrofes. Nos duelen todas las heridas de la Tierra.
Sin ser experta creo que no podemos hacer mucho en relación al movimiento de las placas marinas y terrestres que chocan entre sí, en sus desplazamientos.
Pero sí se puede prevenir como lo han hecho los chilenos para hacer frente a las catástrofes que su accidentada geografía y su peligrosa ubicación, le han dado por herencia y desafío.
Cuando colapsa la Tierra colapsamos nosotros.
De otras catástrofes somos artífices. Hemos tratado a la Tierra como una propiedad inagotable que podíamos disponer a nuestro antojo. Dominarla y explotarla, extraerle sus recursos no renovables, ensuciarla y contaminarla sin medir el daño que nos hacemos a nosotros mismos.
Nos duele Esmeraldas y las tragedias que ocasionan las palmicultoras, mineras, camaroneras, generadoras de violencia por el impacto al medio ambiente. Esmeraldas está actualmente declarada en emergencia.
En Esmeraldas el jueves 25 de febrero el señor José Antonio Aguilar Tinoco, defensor de los últimos remanentes de los bosques tropicales esmeraldeños y su esposa fueron encontrados muertos en condiciones violentas. El predio donde residía el señor José Aguilar, en Hoja Blanca, parroquia Malimpia, provincia de Esmeraldas, colindaba con el Bosque Protector El Pambilar, que según el Tribunal Constitucional en el año 2002, fuera ilegalmente adjudicado a la empresa maderera Bosques Tropicales S.A., Botrosa, propiedad del grupo empresarial Peña Durini.
Es de lamentar que las muertes de José Aguilar y su esposa coincidan con la histórica decisión de la Jueza Victoria Chang-Huang de revertir al Estado el bosque protector El Pambilar en enero de 2010.
Durante todos estos años el predio en mención, según el Tribunal Constitucional, habría estado ilegalmente en manos de la compañía Botrosa, sin embargo pese a la reciente ejecución de reversión mencionada, la empresa se resiste a abandonar El Pambilar, según nota periodística del diario El Comercio del 12 de febrero pasado. Un testimonio de José Antonio Aguilar respecto a esta situación fue replicado por radio La Luna, el día 3 de febrero de este año, pocos días antes de su muerte.
El 22 de enero del 2010 el obispo de Esmeraldas Eugenio Arellano había dirigido una carta a Rosanna Alvarado, asambleísta nacional de la Comisión de Biodiversidad para que se investiguen todas las adjudicaciones realizadas en el pasado por el INDA en vista de los conflictos sociales y problemas sociales que la explotación forestal ha desencadenado. Pide en la carta que se aúnen esfuerzos para recuperar los bosques nativos a favor de sus habitantes. Dice monseñor Arellano que no puede existir la paz si esta no se afirma en los firmes cimientos del respeto a la creación pues ese respeto es también origen de nuevas relaciones de fraternidad y solidaridad.
Somos un todo con la naturaleza que los pueblos ancestrales llaman Madre. No se puede herir a la madre y quedar sin consecuencias. Todas nuestras células están tejidas por moléculas hechas de átomos engendrados en el Big Bang inicial y cocinados al calor de las estrellas, dice Fray Betto.
Es maravilloso que la naturaleza haya florecido en seres dotados de inteligencia, capaces de descifrar sus enigmas y captar su sentido. Cuando ella colapsa, colapsamos todos.