Hace más de tres años cuando comenzaba el catastrófico periodo del señor Correa, recuerdo que él hablaba de dos puntos principales y echaba la culpa a “los de siempre” por la falta de prevención y voluntad para solucionar los problemas del Ecuador; y de lo que su Gobierno –que sí sería “previsor y eficaz”– haría para evitar más catástrofes. Pasado tres años, los invito a revisar estos puntos y las soluciones que dio el socialismo siglo XXI.
Los desastres producidos por las lluvias como deslaves, inundaciones en poblaciones, y muertes; según el señor Correa se podían evitar realizando trabajos preventivos eficaces en las temporadas anteriores a las lluvias. Se declaró en emergencia los sectores más afectados para liberar dineros para dichas obras. Resultado, con las primeras lluvias de este 2010 que no son ni la mitad de fuertes comparadas con estaciones invernales anteriores (como cuando fuimos azotados por el fenómeno El Niño), las inundaciones, enfermedades, deslaves, continúan. Obras realizadas como puentes y muros de contención se desmoronan, o como las viviendas del Miduvi; las plantaciones se pierden, etcétera. ¡Nada ha cambiado!
El catastrófico manejo de la salud pública otra vez era simplemente, según usted, señor Correa, falta de voluntad de servicio de los anteriores gobiernos para asignar los recursos para mejorar este servicio; pero pasados tres años los hospitales siguen sin prestar atenciones adecuadas, y más deteriorados que antes; hay falta de personal y medicinas a pesar de haber tenido los recursos, gracias otra vez a las “declaratorias de emergencias”.
Continúan los peregrinajes de la gente que duerme en aceras para asegurarse un tiquete de atención, y el nuevo invento del socialismo, en emergencias se debe esperar turnos. La ayuda adicional de servicios de salud que mostraban eficiencia para la gente, como el PAP en Guayaquil, fue eliminada. Señor Correa, el pueblo se pregunta si es que fue demasiado optimista y poco práctico, o simplemente es tan o más ineficiente que los gobiernos que hace tres años señalaba con el dedo. Cualquiera que sea la respuesta, nosotros estamos pagando el precio.
Enrique Montero Murillo,
Guayaquil