Hemos jugado con la naturaleza. Lo hacemos y posiblemente lo seguiremos haciendo. Ni todos los acontecimientos que vivimos nos ponen a reflexionar y por fin a actuar. Si no podemos remediar, al menos paremos la destrucción.
La naturaleza ha sido muy paciente con nosotros, esperando que un día tomemos conciencia por iniciativa propia, pero los intereses económicos y políticos son más poderosos. Bastan pocos ejemplos como las últimas inundaciones y terremotos para mostrar lo débil que somos ante la furia de la naturaleza, y es allí cuando nos asustamos (temporalmente) y nos acordamos que está allí presente y que abusamos de ella.
La naturaleza es tan bella, basta que usted, amigo lector, recuerde cómo es un amanecer, el canto de los pájaros, sentir el viento soplar el rostro, oler plantas, flores y la tierra mojada por la lluvia, etcétera, para percibir cuán maravillosa es. Pensemos cómo reponer el daño. No sigamos provocándola y atentando contra ella y contra nosotros mismos. Empecemos por algo básico como reciclar y producir más material amigable con el entorno, no es mucho, pero puede ser un buen comienzo.
Maritza Solórzano,
Hamburgo, Alemania