Las noticias de Chile hablan de casi un millar de muertos, de dos millones de damnificados y de pérdidas materiales por veinticinco mil millones de dólares. La tragedia nos conmueve a los ecuatorianos no solo porque somos pueblos hermanos, nacidos de la misma historia, sino por las decenas de miles de compatriotas que emigraron a ese país, y por tantos amigos chilenos instalados en nuestras tierras.
El terremoto en Haití tuvo como respuesta la solidaridad inmediata de la región. Ahora habrá que actuar del mismo modo, sin pérdida de tiempo. Así lo ha reconocido el Gobierno ecuatoriano en sus primeras declaraciones; y así esperamos que lo hagan los distintos sectores de ciudadanos que organizaron la ayuda a Haití semanas atrás.
No se trata de si nuestra colaboración pueda ser más rica o más pobre, sino de hacerle saber a Chile que no está solo en esta hora de dolor y que cuenta con un país amigo para todo lo que esté a nuestro alcance, sin condiciones.