martes 02 de marzo del 2010 Columnistas
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Iván Sandoval Carriónivsanc@yahoo.com

¿Debemos apoyarlo?

Pienso que sí. Es un acto de coherencia apoyar al presidente Rafael Correa en todas aquellas situaciones donde su posición, su discurso y sus actos representen los intereses y las conveniencias de todos los ecuatorianos. Está lo del GAFI: resulta aparentemente contradictorio que esta organización nos haya colocado en el mismo saco junto a Irán, Corea del Norte y otros países que supuestamente no evitan el lavado de activos, si hace pocas semanas la embajadora norteamericana felicitó públicamente a nuestra Policía y autoridades y nos puso una “carita feliz” en el cuaderno por haber hecho bien nuestra tarea de combate al narcotráfico. La aclaración de la embajadora Hodges de que el informe del GAFI “solo tiene carácter técnico” desconoce el hecho de que ningún pronunciamiento de esa naturaleza está exento de connotaciones políticas y consecuencias económicas.

Con cierta lógica, el presidente Correa ha recusado la autoridad de jueces para los países que conforman el GAFI. Ese grupo incluye algunas de las naciones que más contaminan el ambiente, o cuyas poblaciones consumen la mayor cantidad de cocaína, o los mayores fabricantes de armamentos, o los generadores de la burbuja financiera que hace más de un año reventó y disparó una crisis económica mundial. Coincidimos en que resulta contradictorio el que algunos de ellos se erijan en jueces de la moral y las buenas costumbres, pero no podemos limitarnos a “ignorar” ese informe, como dice el Presidente. Quizás debamos unirnos para rechazarlo y pedir explicaciones, porque probablemente algunas de ellas son “inconfesables” si es verdad que –como afirma nuestro Gobierno– hemos sido condenados por nuestra intimidad con Irán.

Supuestamente, la aproximación a ese lejano país prometía una serie de ganancias comerciales y económicas que hasta el día de hoy han tenido un solo beneficiario: Irán. El presidente Correa deberá revisar esa alianza, no por la intimidación del GAFI, sino para verificar si cumple sus objetivos. Porque no tiene sentido sostener una amistad particular solamente por un devaneo ideológico o por un “rugido de ratón” para afirmar nuestra soberanía. Y a propósito de “soberanía”, sí tiene sentido que apoyemos –en cambio– la conducta cautelosa y a la vez firme que nuestro Gobierno está manteniendo para establecer las condiciones que deberán cumplirse para la reanudación de nuestras plenas relaciones con el régimen de Álvaro Uribe. Es necesario que Colombia se haga cargo de su responsabilidad y de sus problemas.

No tenemos los recursos ni las condiciones que tienen los países escandinavos que acogen sin límite a refugiados “escogidos” de todo el planeta. Tenemos una economía significativamente menor a la colombiana y es irónico que recibamos indiscriminadamente el flujo de inmigrantes que nos llega de ese país y de otras naciones cercanas. Los ecuatorianos presumimos de ser un pueblo amable, generoso y hospitalario (excepto cuando nos emborrachamos o manejamos o subimos al poder), pero no podemos sostener indefinidamente esta situación; casi mereceríamos una compensación por ello. Es coherente apoyar al Presidente en estas negociaciones con Colombia. Es coherente apoyarlo en una protesta nacional ante el GAFI. Es coherente apoyarlo cuando actúa como Presidente de todos. No requiere nuestro apoyo cuando nos divide, cuando ofende a medio país, o cuando desperdicia su tiempo (y el nuestro) en disputas callejeras.

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