lunes 01 de marzo del 2010 Cartas al Director

Participación ciudadana

Luego de ver los noticiarios de la televisión y leer las notas de prensa, tengo algunas dudas sobre el alcance de las 1.500 preguntas que han hecho a los aspirantes al Consejo de Participación Ciudadana.

Dado que este llamado quinto poder del Estado tendrá en sus manos tareas tan importantes, como es elegir a los futuros Contralor, Procurador, superintendentes de Bancos, de Compañías y Telecomunicaciones, Defensor del Pueblo, Fiscal General de la Nación, representantes ante el Banco del IESS, además de representarnos en la Comisión de Transparencia y Lucha contra la Corrupción; me interesaría saber –y en la web no está– si dentro de las 1.500 preguntas hay las que nos permitan conocer por participante, cuál es su formación de conciencia moral, entendiéndose como tal la recta razón que nos dicta lo que tenemos que hacer cuando en pleno goce de nuestra libertad nos encontramos ante una elección.

 Valga recalcar que la conciencia moral no es innata, se forma, y esta es obligación de los padres, desde que nacemos. Por tanto, sería bueno saber si a cada uno de los muy bien calificados se les ha rastreado la información familiar, se ha medido su entorno; cómo fue su niñez, (en psicología se dice que los puntales de nuestra existencia están asentados en los cuatro primeros años de nuestra vida). Sería bueno saber si tuvieron una infancia normal, o si hubo alguna circunstancia que pueda estar encapsulada en lo más recóndito de su ser, y ser una bomba de tiempo para alguien con poder. También quisiera saber si se les preguntó cuál es su conocimiento sobre Ley Natural. Su opinión sobre este tema, teniendo en cuenta que “la ley moral natural ofrece al legislador la garantía para un auténtico respeto de la persona y de toda la creación; es la fuente catalizadora de consenso entre personas de culturas y religiones diferentes, y permite superar las diferencias porque afirma la existencia de un orden impreso por el Creador en la naturaleza, y reconocido como instancia de verdadero juicio ético-racional para perseguir el bien y evitar el mal”.

Quisiera saber si se puede llegar a la conclusión de que el candidato calificado tiene claro concepto de lo que es el reconocimiento de la dignidad humana, en cuanto a derecho inalienable, que encuentra su primer fundamento en la ley no escrita por la mano del hombre, sino grabada por Dios Creador en el corazón de toda persona; que todo orden jurídico está llamado a reconocer como inviolable y toda persona está llamada a respetar y promover, ya que sin el principio fundador de la dignidad humana sería arduo encontrar una fuente para los derechos de la persona, e imposible llegar a un juicio ético.

Desconozco si dentro de la evaluación se ahondó en temas tan importantes como estos, pues es necesario recordar que la adquisición de conocimientos de alguna especialidad, ciencia o cultura general, no son el único fin de la inteligencia, porque su manifestación más importante es en realidad la conciencia moral; y para un cargo tan importante como ser miembro del Consejo de Participación Ciudadana, no interesaría mucho la cantidad de conocimientos sobre múltiples disciplinas, incluyendo hasta el fútbol, cuando lo que está en juego serán los actos humanos, sobre los que emitirán un juicio acerca de la bondad o maldad, y si este es conforme con la ley o la norma moral objetiva.

 Quisiera tener certeza de que quienes nos vayan a representar, no respondan a intereses políticos de la antigua o la vigente partidocracia; que no vayan a imponer sistemas caducos que son historia nefasta del siglo XX; que tengan por bandera la conciencia recta, la moral, la ética y las buenas costumbres; que tengan criterios claros de lo que significa una vida trascendente.

Pues, estoy segura de que las personas que creen en una vida después de esta vida, son aquellas que tienen una acertada brújula que les hace actuar adecuadamente, venciendo el mal con el bien.

No nos serviría de nada tener a una lumbrera en conocimientos sociales y jurídicos, si su conciencia tuviera un precio, y si su ideal magnánimo fuera solo el poder, la fama, o el dinero.

Eleana Endara Borja,
ingeniera, Guayaquil

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