El proceso para un posible juicio político al Fiscal de la Nación está perdiendo credibilidad a pasos agigantados. Hasta ahora solo hay mucho ruido y pocas nueces. Las acusaciones se acumulan, pero no se arriba a ninguna conclusión. Ni siquiera es seguro que habrá juicio. Hay el temor de que la intención real no sea fiscalizar al Fiscal sino presionarlo para que se lave las manos en ciertos procesos delicados.
Pero el Fiscal avala ese método al amenazar a su vez con supuestas investigaciones contra sus acusadores, de las cuales se guarda los detalles como si fuesen un as bajo su manga.
Mientras tanto, el juicio al Ministro de Defensa fue archivado sin tomar en cuenta la gravedad de lo que se denunció y que debió ser considerado por la Función Legislativa. Esta no es la fiscalización honesta e independiente que en su momento se ofreció.