Ray Sepúlveda brindó su salsa romántica en el Copacabana

Afuera lloviznaba, pero adentro la salsa era un aguacero. Un aguacero de salsa romántica.  Eso ocurrió el viernes, durante el concierto por el día de San Valentín a cargo del puertorriqueño Ray Sepúlveda en el Centro de Eventos Copacabana. Pero la noche se inició con salsa brava, programada por el DJ de planta y que el público bailó mientras aguardaba por el plato fuerte del show.

“Nosotros entre irnos a la playa o venir a disfrutar con Ray Sepúlveda, elegimos su salsa romántica, porque con ella nos enamoramos hace 20 años”, confiesa Tana Ramos junto a su esposo, John. Y es que Sepúlveda empezó a grabar sus éxitos en 1988 en pleno boom de la salsa romántica, cuyos mayores exponentes eran: Frankie Ruiz, Eddie Santiago, Willie González, Luis Enrique, etcétera. 

Ya en plena medianoche, el maestro de ceremonia presenta a Ángel Olvera, más conocido como el Tito Nieves ecuatoriano –pues ambos son salseros y obesos– quien anima la rumba al son No le pegue a la negra y termina con Señora Ley.

A las 01:30 el verdadero aguacero romántico comienza y la gente lo disfruta sin paraguas, con los pechos abiertos. Sube al escenario Ray Sepúlveda vistiendo pantalón negro, camisa ploma y luce una cabellera media cana. Lo acompaña la orquesta de Gustavo Enrique, quien integra la plana de coristas junto a Enrique Mata.

Suenan los acordes de Mascarada y después la voz del salsero: “Recuerda que existe el sol, el cielo nublado/ A mí me gusta el amor, a mí me gusta el calor,/ Y no sale el sol a tu lado...”. Los coristas dicen: “Me voy, no vuelvo nunca, para nada/ ¡Es el final de una… mascarada!”.

Ray comenta que es la segunda vez que visita Guayaquil e invita al público a celebrar el día de San Valentín con sus canciones que como dardos lanzados por Cupido, suenan una detrás de otra:  Bandolera, Margarita, Dónde estarás, Alguien te está hablando mal de mí, etcétera.

Entre el público y media luz, las parejas motivadas por esa salsa romántica se juran amor eterno. Otros se lanzan a bailar alegremente, pero muy juntitos. Algunos beben un trago. Eso causa la salsa romántica ayer, hoy y siempre. Mientras canta, entre tema y tema, Sepúlveda acepta tomarse fotos con sus admiradoras. Una de ellas le entrega una rosa.

La noche avanza. Afuera ha cesado de llover y suena No vale la pena que Sepúlveda la alarga pues será la última descarga: “A este pobre corazón/ Que anda por ahí y buscando/ A este torpe corazón/ Que se anda enamorando/ Qué le importa si después/ Me paso el tiempo llorando/ No vale la pena, no vale la pena enamorarse”. Son las 03:20 cuando se despide.

Pero volverá, ahora sí a cantar la última: Mi amor, amor: “Si tú te vas/ No pasarán las horas, ya no saldrá la luna/ Si tú me dejas solo,/ Si tú te vas/ Se apagara mi llama, me matará el silencio/ No habrá nada de nada”.

Y después de ese aguacero amoroso, no hubo nada más, solo recuerdos.