Martes 09 de febrero del 2010 Cine y TV

Jorge Vivanco: ‘Solo soy el creador de mis filmes’

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El realizador ecuatoriano Jorge Vivanco presentó este domingo en el auditorio Simón Bolívar su filme Sara, la espantapájaros.

El problema es que la cultura sigue siendo una suerte de pasatiempo de fin de semana en nuestro país


Jorge Vivanco, quien fue director teatral y actor, inició su actividad cinematográfica en 1983, cuando por invitación del también realizador Camilo Luzuriaga integró su grupo técnico. Dice que la posibilidad de hacer películas lo sedujo rápidamente, porque consideró que el séptimo arte le ofrecía más posibilidades para expresar su “respuesta estética”, su “comentario artístico sobre la realidad”. A Guayaquil llegó el pasado domingo una de sus producciones, Sara, la espantapájaros, que es su cuarto trabajo dedicado al público infantil. Lo dirigió por invitación de la Fundación Mirarte. La historia propuesta por Luis Flores, miembro de la fundación, le pareció atractiva, original y, sobre todo, “alejada de los esquemas maniqueos a los que nos tienen acostumbrados muchos de los llamados filmes infantiles que todo lo reducen a una lucha entre buenos y malos”.

Sara, la espantapájaros, se estrenó el año pasado en Quito y un año después llega a Guayaquil, ¿por qué demoró para traerla a esta ciudad?
La distribución y exhibición de mis filmes no dependen de mí. En Sara, la espantapájaros, la dueña de los derechos patrimoniales es la Fundación Mirarte, que financió la película. Lamentablemente, yo solo soy el  creador de mis filmes, no el productor.

¿Qué propone en esta producción cinematográfica?
Me pareció un argumento fantasioso, enraizado en las tradiciones del mundo indígena, con personajes poéticos ligados a la música, a la naturaleza, a la creatividad de los campesinos y a una suerte de “cuentos de miedo”, cuyos protagonistas han tomado hoy la facha del esperpento; es decir, que ya no asustan a nadie. Puse en mi trabajo los mismos móviles de mis otros filmes: la pasión por contar historias y el afecto por los niños; aunque, claro, cada película tiene particularidades y exigencias, y, por lo tanto, es una aventura.

¿En qué proyectos trabaja actualmente?
Trabajo en la reescritura de un guión que tuvo la suerte de ser seleccionado para el Primer Laboratorio Internacional de Guión Cinematográfico, de Gijón, España. Allí mi propuesta fue sometida al criterio de reconocidos guionistas como Sachary Sklar (que trabaja con Oliver Stone), Mamoum Hassan (Inglaterra), Felipe Vega y Jesús Regueira (España). Con este aval, creo, será posible lograr financiamiento internacional para mi filme.

¿Por qué considera que los cineastas ecuatorianos trabajan más en documentales y en cortometrajes y poco se aventuran a realizar largometrajes?
Una sola persona, con buen criterio y una cámara, puede hacer un buen documental. Para un largometraje de ficción se necesita en nuestro medio por lo menos unas 50 personas, entre actores y técnicos. No siempre hay presupuesto para la segunda opción.

¿Considera que Ecuador es un país de oportunidades para hacer cine con la existencia del Consejo Nacional de Cinematografía (CNCine)?
El CNCine es una conquista de largos años de lucha de los cineastas agrupados en Asocine. Con este se están abriendo varias oportunidades. En lo personal, no me ha tocado todavía alguna de ellas. Sin embargo, no creo que con esto podamos calificar al Ecuador como el país de las oportunidades para la realización cinematográfica. Nuestros países vecinos nos llevan un largo trecho adelante. El problema fundamental es que la cultura sigue siendo una suerte de pasatiempo de fin de semana en nuestro país. Eso explica que se pretenda fomentar nuestra cinematografía con un presupuesto de un millón de dólares, cuando ese sería el requerimiento económico para un solo filme.

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