En la carta del general José Gallardo Román, publicada el lunes 8 de febrero, los datos por él aportados y la sentencia de la Corte Suprema, la indemnización que debió pagar el Estado me eximen de comentarios.
El caso de los once del Putumayo muestra que se debe ser muy cauto en juzgar y que se deben dar las más absolutas garantías del debido proceso. Mi artículo apuntaba a que se debe separar la paja del trigo y no encarrilarse en verdades absolutas “porque las dijo tal”. Ese es el fondo del asunto, no encandilarse con verdades a priori que estigmatizan situaciones y a personas en hechos no probados o mal probados.
La equivocación puede existir por error en los elementos de prueba, etcétera. Lo que se debe es recabar todas las pruebas que se entiendan necesarias con independencia, sin actores implicados en algún aspecto, porque eso no le da garantías a nadie en temas tan sensibles como la libertad y el buen nombre, por ejemplo.
La justicia está representada con una mujer ciega que tiene una balanza que debe estar en equilibrio, sin mirar a quién, sin prejuzgar. Lo importante es la independencia del Poder Judicial. Eso es lo que hay que reafirmar. El país descansa en eso, de lo contrario estaría fuertemente afectada la convivencia y reinaría la ley del más fuerte aquí y en cualquier país que no la respete.
Nelsa Curbelo,
Guayaquil