El anuncio del presidente Uribe de que vendría a la reunión del Unasur –cuya presidencia temporal la está ejerciendo el presidente Correa– descolocó a muchos en vista de los antecedentes. Cierto es que la visita se realiza en el marco multilateral de esta naciente entidad internacional, y no en el plano de las relaciones bilaterales. Pero eso no le resta importancia al hecho de la presencia del presidente colombiano en nuestro país.
A la decisión de Uribe de visitarnos, se une el anuncio que hace poco hizo, por su lado, el gobierno ecuatoriano de levantar todas las salvaguardias que pesaban sobre productos colombianos. A ello debe agregarse, además, la ofensiva con la que el gobierno ecuatoriano ha venido actuando en el último año para frenar el uso de nuestro territorio por parte de elementos de las FARC –algo que Colombia venía reclamando– así como su lucha contra el narcotráfico.
¿Pueden estos hechos llevarnos a concluir que pronto las relaciones con Colombia se normalizarán plenamente? En países de deficiente y baja institucionalidad las relaciones internacionales están sujetas de manera extrema a los procesos de política interna. No es que en las democracias las opciones internacionales no deban depender en cierto grado de las preferencias electorales. Esa relación existe en todas partes del mundo. Lo grave con muchos países es que esa dependencia se vuelve prácticamente absoluta.
El vecino del Norte esta abocado a nuevas elecciones. La alternativa parece centrarse no tanto entre Uribe y otro candidato, sino entre Uribe y él mismo. El presidente colombiano tiene que sortear primero su propia conciencia y tomar la decisión de someter a su país a un plebiscito que le permita reformar la Constitución para que, a su vez, se le permita una segunda reelección.
La otra opción es que Uribe renuncie a seguir ese camino y dejarle el camino abierto a su ex Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien goza de alta popularidad en Colombia, y que probablemente tenga asegurada la presidencia de su país. Uribe o Santos, esa es la realidad con la que Ecuador tendrá que coexistir en los próximos años. Que los sucesos internos de Colombia no deben afectar nuestra política exterior es indiscutible. Pero solo hasta cierto punto.
Pero estos hechos que comienzan a marcar la agenda internacional ecuatoriana no son los únicos. A nivel regional el tablero comenzó a sacudirse a partir de los sucesos en Honduras, las elecciones en Chile, el reciente triunfo del oficialismo socialdemócrata en Costa Rica, el progresivo debilitamiento de Chávez, el salto al vacío de los Kirchner y el probable triunfo de la derecha en Brasil.
Nota: En mi último artículo afirmé que entre los acuerdos comerciales negociados con Estados Unidos durante la administración Bush, y que el presidente Obama ha ofrecido poner empeño para que sean ratificados por el Congreso de su país, estaba uno con Corea del Norte. El acuerdo realmente no es con Corea del Norte sino con Corea del Sur. Lamentamos el error.