- FEB. 08, 2010 - Foto - Salud - EL UNIVERSO
Tommy Conforti, un niño con cáncer, junto a Lady, una cachorra que es parte de una terapia infantil en un hospital de California.
Cuando Chad, un perro labrador retriever, llegó a vivir con la familia de Claire Vaccaro en la ciudad de Nueva York la primavera pasada, ya tenía una función importante: entre tanto perro de servicio para autistas, él se unía a la familia para ayudar a proteger al hijo de 11 años de Vaccaro, Milo, en especial en los lugares públicos, donde solía ser frecuente que haga berrinches o trate de fugarse.
Al igual que muchos animales de compañía de personas, ya se trate de perros de servicio o de mascotas, Chad tuvo un efecto inmediato, el tipo de efecto que se nota, pero que aún tiene que ser comprendido totalmente por medio de una investigación científica. Y fue más allá del lazo normal que conecta a un perro y un niño en público.
“Diría que en una semana noté cambios enormes”, dijo Vaccaro sobre Milo, cuyo autismo incapacita su habilidad para comunicarse y forjar vínculos sociales. “Ha habido cada vez más cambios en los meses, a medida que ha aumentado su vínculo. Él está mucho más tranquilo. Se puede concentrar por periodos de tiempo mayores. Es casi como si hubiera desaparecido una nube”.
La doctora Melissa A. Nishawala, directora clínica del servicio para el espectro autista en el Centro de Investigación Infantil de la Universidad de Nueva York, dijo que vio “un cambio importante y notable” en Milo, aun cuando el perro solo se sentaba tranquilamente en el cuarto. “Empezó a contarme cosas en una forma en la que nunca lo había hecho”, señaló, y agregó que la mayoría de esas cosas tenía que ver con el can.
Los cambios han sido tan profundos que Vaccaro y Nishawala han empezado a hablar de quitarle a Milo algunas de las medicinas que tomaba.
Abundan las anécdotas sobre los beneficios que los animales de compañía, ya sea que se trate de animales de servicio y terapéuticos o de mascotas aportan a la salud humana. Sin embargo, son raras las investigaciones realizadas a profundidad.
Ahora, el Instituto Nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano, que es parte de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (INS), se está embarcando en un esfuerzo para investigar si estos animales pueden tener un efecto tangible en el bienestar de los niños.
En sociedad con el Centro Waltham para la Nutrición de las Mascotas en Inglaterra (una unidad de la compañía Mars de dulces y comida para mascotas), el instituto de salud infantil está buscando algunos proyectos científicos que “se centren en la interacción entre seres humanos y animales”.
En particular, busca investigaciones sobre cómo esas interacciones afectan el desarrollo y la salud típicos, y si reportan beneficios terapéuticos y de salud pública. Asimismo, acepta solicitudes para estudios que “aborden la razón por la que las relaciones con las mascotas son más importantes para algunos niños que para otros”, y que “exploren la calidad de las relaciones entre el niño y la mascota, indicando la variabilidad de las relaciones entre seres humanos y animales dentro de una familia”.
El interés de los Institutos Nacionales en este tipo de investigación se remonta a por lo menos dos décadas. Valerie Maholmes, quien dirige la investigación sobre el desarrollo y el comportamiento infantil en el instituto de salud, comentó que en una reunión a nivel del consejo de administración en 1987 sobre los beneficios para la salud de las mascotas, los INS “concluyeron que es necesario que se haga mucha más investigación”, en especial en cuanto al desarrollo infantil.
En otras sesiones se confirmó la necesidad de la investigación, pero la mayoría se centraba en interacciones negativas, como las formas en las que las mascotas propagan enfermedades a los seres humanos, explicó James A. Griffin, subjefe de desarrollo y comportamiento infantiles de los Institutos.
Entre tanto, el Centro Waltham expandía su propia investigación para hacer estudios reducidos sobre la interacción entre seres humanos y animales, señaló Catherine E. Woteki, directora general de asuntos científicos de Mars Incorporated. “Somos una compañía de alimentos y atención para mascotas”, dijo Woteki, “y nos interesa ver que esa relación siga siendo fuerte”.
Las críticas al programa de investigación del Waltham indican que se necesitan investigaciones de mayor alcance, durante periodos más prolongados, con grupos de control apropiados. Cuando Mars se dio cuenta del interés de los Institutos en este tipo de investigación se estableció una sociedad pública y privada, y la compañía se comprometió a aportar más de dos millones de dólares. El Instituto Nacional de Enfermería también está ayudando con recursos.
Peggy McCardle, jefa de la sección de desarrollo y comportamiento infantil de los Institutos, explicó que el dinero de Mars ayudó a revitalizar los esfuerzos. McCardle agregó que los INS establecieron protocolos para las sociedades públicas y privadas, así como que todas las propuestas pasan por dos niveles de revisión antes de su aprobación definitiva.
La gente que trabaja con animales espera que la investigación respalde sus observaciones. En el hospital infantil del condado de Orange, en el sur de California, por ejemplo, docenas de voluntarios llevan con regularidad a sus perros para que visiten a los pacientes.
A menudo, los niños a los que se está tratando por enfermedades graves se sienten tristes, ansiosos o deprimidos. “Los perros les levantan el ánimo”, comentó Emily Grankowski, quien supervisa el programa de terapia con mascotas que se ejecuta en ese hospital.
Algunos pacientes que se negaban a hablar lo harán con los perros, dijo, y otros que se negaban a moverse, a menudo se estiran para acariciarlos. Así que los animales se vuelven una parte del programa terapéutico, especialmente para las áreas del habla y el movimiento.
“El vínculo entre seres humanos y animales circunvala al intelecto y va directo al corazón y las emociones, y nos nutre en formas que ninguna otra cosa puede”, dijo Karen Winegar, en cuyo libro: Saved: Rescued Animals and the Lives They Transform (Salvados. Los animales rescatados y las vidas que transforman) reseña las interacciones entre humanos y animales.
“Hemos visto esto de costa a costa, ya se trate de niños discapacitados en un centro para montar en California o una casa de reposo en Minnesota, donde una mujer con Alzheimer no podía reconocer a su esposo, pero sí a su querido perro”, señaló Winegar.
Estas observaciones no son nuevas en el Servicio de Perros para Autistas de Estados Unidos, que reunió a Milo y Chad. “Muchos niños autistas no se pueden relacionar con un ser humano”, explicó su director Pris Taylor, “pero se pueden relacionar con un perro”.
Textuales
Relaciones
Karen Winegar
Investigadora y escritora
“El vínculo entre humanos y animales va directo al corazón y las emociones, y nos nutre en formas que ninguna otra cosa puede. Una mujer con Alzheimer no podía reconocer a su esposo, pero sí a su querido perro”.