lunes 08 de febrero del 2010 Columnistas
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Jaime Marcet Ortega

Política para todos

El título de este artículo era el nombre de un programa que se emitía en uno de esos canales de televisión que debieron haberse vendido hace mucho tiempo, pero que, como vivimos una revolución, siguen siendo de PAIS (no del país). Ese mismo nombre, aunque a modo de pregunta –¿es la política para todos?–, vino a mi cabeza luego de ver cómo se inundaba Facebook con mensajes y comentarios de dos grupos universitarios; se referían a las elecciones de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica de Guayaquil.

Estoy convencido de que los ciudadanos debemos participar en la política (activa o pasivamente), pero también creo –aun con mayor convencimiento– que hay lugares donde esta no debe ni asomar la cabeza. Son lugares que existen para otros fines, muy distintos de los que se buscan en la política, en las elecciones. Entre estos lugares, uno de los más importantes es la universidad. Ese centro donde deben primar la investigación, el estudio, el debate, la tolerancia, no puede convertirse en campo de batalla, en tarima para gritones, en coliseo romano donde los candidatos buscan acabar con los oponentes mientras el pueblo disfruta y celebra las vejaciones e insultos.
¡El año pasado hubo hasta disparos!

Sé que a más de algún estudiante de esta facultad no le gustarán mis palabras, sé que muchos de mis amigos que estudian ahí dirán que me equivoco. No estoy juzgando a quienes participan en las elecciones internas de la facultad mencionada, pero sí creo que son víctimas de un sistema. Un sistema en el que sobran los insultos, un sistema que seduce, cual sirena, a los estudiantes, con el posible poder que otorga.

¿Es ese el espíritu de la universidad? Yo creo que no. La universidad debe centrarse en formar profesionales de primer nivel, gente con valores y principios sólidos. No estoy diciendo que los estudiantes deban mantenerse alejados de la política nacional, es más, son los miembros de esta facultad quienes más atentos tienen que estar para vigilar que se respete el ordenamiento jurídico nacional. Lo que no deberían de hacer es convertir su centro universitario en centro político, no es el lugar para eso.

La educación universitaria consiste, siguiendo a Ortega y Gasset, en “la enseñanza de las profesiones intelectuales y en la investigación científica y preparación de futuros investigadores”. ¿Es profesión intelectual insultar a otro? La función de las universidades es excesivamente importante como para mezclarla con prácticas políticas. Deben centrar sus acciones y sus recursos económicos en formar profesionales ejemplares, conocedores a fondo de sus ramas. Lo invito a ver los objetivos de la facultad de Jurisprudencia en su página web y compararlos con las elecciones; un gran abismo los separa.

¿Es la política para todos? ¿Debe haber política en centros universitarios? Cuando la  potestas  (el poder, principio reinante en la política) se mete donde solo debe haber  auctoritas  (la sabiduría, razón de ser de las universidades), hasta el fin más noble se corrompe.

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