- FEB. 07, 2010 - Foto - Medio Ambiente - EL UNIVERSO
CHONE, Manabí. En el humedal La Segua, los ganaderos cada vez más destruyen el sitio protegido para la cría de ganado vacuno. En otros sectores se destina al cultivo de arroz o frutas.
Especies de monos que habitan en Abras de Mantequilla.
El gallito de agua, ave del humedal La Segua.
Con antelación se había preparado la celebración del Día Mundial de los Humedales, el pasado martes, en la comunidad La Segua, ubicada en la parte alta del estuario del río Chone, Manabí. La inauguración de un mirador y la colocación de una plataforma flotante en las aguas, para que los visitantes puedan observar más de cerca las especies, eran el principal punto del festejo. Pero, precisamente, el agua para hacer flotar esa base no hubo ese día, ni la hay desde hace dos meses.
“Habíamos trabajado en esos dos proyectos, pero para mala suerte el humedal está seco”, se lamenta el presidente de la Junta Parroquial de San Antonio, Wagner Zambrano, quien encabeza la defensa del sitio declarado en junio del 2000 Humedal de importancia internacional por el convenio Ramsar, que se encarga de la protección mundial de estos recursos.
La alta sedimentación, que en algunos sectores incluso llega a los 6 metros, donde antes la profundidad bordeaba los 10, es una de las principales causas, refiere Zambrano.
La tala de árboles, cuyas raíces retienen los sedimentos; y la destrucción de vegetación para cría de ganado o cultivos de ciclo corto, que además generan contaminación por el uso de químicos e insecticidas, ponen en riesgo el futuro de 164 especies de aves, 12 de peces, 36 de plantas y 3 de crustáceos. Por esa razón, en julio del 2007 se pidió personalmente al presidente Rafael Correa que se declare la emergencia, pero “nunca se tuvo respuesta”, afirma.
El problema de conservación en las 1.836 hectáreas del humedal se dificulta porque el sitio pertenece a varios propietarios y no todos están interesados en preservarlo porque no tienen otro sustento, por ello Zambrano indica que el Estado debería crear leyes para proteger estos lugares, pero al mismo tiempo contemplar compensaciones o proyectos para la supervivencia de los habitantes.
Desde hace tiempo el sitio está azolvado y corre el peligro de que el ecosistema desaparezca si no se toman medidas de protección y manejo de caudales de sus afluentes: los ríos Carrizal y Chone, dice Zambrano.
Pero no solo es el humedal de La Segua el que tiene problemas. En las 22.500 hectáreas en Abras de Mantequilla, en la provincia de Los Ríos, la situación no difiere. Por ello, el Día de los Humedales en este sitio se celebró con una reunión con la participación de representantes de las comunidades, autoridades locales, delegados de los ministerios de Ambiente, Agricultura y Ganadería, entre otros. El objetivo fue trabajar en la elaboración de un plan de ordenamiento territorial, necesario para la conservación y la convivencia de los habitantes.
El humedal, sitio Ramsar desde marzo del 2000, lo comparten los cantones Vinces, Baba, Puebloviejo, la parroquia Zapotal del cantón Ventanas y Mocache, dentro del cual viven entre 80 y 100 familias, la mayoría finqueros.
El plan está en proceso de consultorías en el aspecto ambiental, productivo, turístico, entre otros, y se espera concluirlo en marzo próximo a fin de presentarlo a la Secretaría de Planificación y Desarrollo (Senplades), dice el alcalde de Puebloviejo Carlos Ortega.
Además se busca un acercamiento con los asambleístas de la Comisión de Biodiversidad y Recursos Naturales, a quienes se prevé invitarlos a conocer el lugar y presentar una propuesta para que sea tomada en cuenta durante el tratamiento del artículo 406 de la Constitución, según el cual, “el Estado regulará la conservación, manejo y uso sustentable, recuperación, y limitaciones de dominio de los ecosistemas frágiles y amenazados, entre otros, los páramos, humedales, bosques nublados, bosques tropicales...”.
Precisamente esa falta de acuerdos que busquen la conservación, pero también proyectos de compensación a quienes habitan en los humedales, es lo que preocupa a líderes comunitarios de estos lugares.
Tras veinte años de la declaración de los primeros sitios Ramsar en el país, en 1990, aún no existen leyes específicas que ayuden a regular y controlar la conservación. “Han habido avances en la legislación y ahora ya se reconoce en la última Constitución, eso es importante”, dice Sofía Suárez, miembro del Centro Ecuatoriano de Derecho Ambiental.
No obstante, afirma la necesidad de desarrollar un reglamento que aterrice en temas específicos de conservación de los humedales.
Con ella coincide el presidente de Ecociencia, Ernesto Briones, quien destaca los avances, en particular en sitios que están dentro de parques nacionales o áreas protegidas, y la necesidad de reforzar proyectos en educación, capacitación y concienciación en otras zonas.
En la Comisión de Biodiversidad, el tema aguarda y se espera analizarlo a partir de mayo, mientras, como paso previo, se ha planteado una agenda de trabajo para elaborar un código ambiental para tratarlo en toda su dimensión y en forma integral que involucre a todos los entes, así como los ministerios, refiere la asambleísta de esa Comisión, María Molina (MPD).
Datos: Ramsar
Estado
Desde 1900, la mitad de los humedales del mundo, la principal fuente de agua dulce renovable, se ha perdido.
Integrantes
130 países están inscritos como parte del Convenio de Ramsar. Los 13 sitios declarados en Ecuador representan 201.126 hectáreas, el 0,78% de la extensión territorial.
