- FEB. 07, 2010 - Foto - Cine y TV - EL UNIVERSO
La telenovela Sin tetas no hay paraíso se ha traducido a siete idiomas.
Las muñecas de la mafia narra la vida de las amantes de los traquetos.
El cartel se vio en el país en el 2008 por Teleamazonas. El canal ahora la reprisa.
“Ese hombre es el diablo”, comenta con asombro Rosángela Ayoví, una asistente doméstica que corre hacia el televisor cada vez que escucha las promociones que durante el día hace TC Televisión de El capo, la telenovela que estrenó el pasado 11 de enero, a las 20:30.
Ayoví, quien vive en Las Malvinas (al sur de la ciudad), cuenta que los capítulos de la producción colombiana, escrita para RCN por Gustavo Bolívar (también autor de Sin tetas no hay paraíso), son temas de conversación entre sus familiares y amigos. La califica de “interesantísima”, aunque admite sentir horror por las “tantas muertes” que allí se registran.
Silvia Córdova, odontóloga de profesión y moradora de Urdesa (al norte de la urbe), experimenta el mismo estupor, pero no se la pierde y suspende cualquier actividad por verla.
Opiniones como estas hay muchas y provienen de varios estratos. El capo es la de mayor comentario, quizás porque su estreno es reciente. No obstante, también genera expectativa el anuncio de la próxima emisión para Guayaquil del drama igualmente colombiano Las muñecas de la mafia, que Teleamazonas presenta en Quito desde el 1 de febrero anterior. Y hay quienes aún recuerdan a Carmen Villalobos por su papel de Catalina en Sin senos no hay paraíso y no por el de Alejandra Paz en la actual Niños ricos, pobres padres. Ambas transmitidas por Ecuavisa.
Frente a este tipo de producciones, que centran sus tramas en el narcotráfico, y la reciente crítica del presidente panameño, Ricardo Martinelli, quien exigió a los canales de su país cambiarlas de horario porque exaltan hechos delincuenciales, este Diario ahondó en las razones por las cuales estas telenovelas son transmitidas en Ecuador y cuáles son sus posibles consecuencias.
Antes de presentarlas, indica Alfredo Adum, vicepresidente de programación de TC Televisión, pasan por algunos filtros: contenidos, comercialización, calidad...”. Los canales siempre buscan alcanzar el más alto índice de sintonía en cada programa, explica. “Hay programas hechos para informar, otros para entretener y otros para educar. Las telenovelas pueden hacer las tres cosas, todo dependerá de la óptica con que se analicen sus contenidos”.
¿Qué llevó al canal a presentar El capo? “La calidad de la producción, además es un tema conocido por los televidentes: Pablo Escobar (al promocionar la telenovela se indicó que recreaba la vida del fallecido narcotraficante colombiano)”, responde Adum, quien ante la inquietud de que cuál es el aporte a la sociedad dice: “Entretener, básicamente. Y, por supuesto, interés en conocer los interiores de este mundo relacionado al narcotráfico”. El capo, subraya, registra un promedio de 30 puntos de rating.
Sebastián Corral, gerente de Teleamazonas, canal que además de Las muñecas de la mafia programó en reprise El cartel, indica que justamente esta volvió a la pantalla por pedido de la audiencia. (Su contenido se inspira en el libro El cartel de los sapos, escrito por Andrés López, un ex narcotraficante).
“Tuvo una buena posición antes y la tiene ahora”, dice e indica que también se analizan los contenidos, lo cual determina incluso los horarios de transmisión.
Corral desestima que tramas como El cartel, que retratan las guerras entre organizaciones criminales, puedan afectar a la sociedad. Indica que aunque sus argumentos recojan hechos reales, en la práctica son ficción y la gente lo sabe. “Es una historia novelada que no tiene la misma incidencia de un noticiario, con una crónica roja real”.
El psicólogo Alfredo Crespo opina lo contrario, pues considera que estas tramas donde se asesina, roba, trafica y disfruta de una opulencia malhabida dejan secuelas. “Para el que carece de recursos, un ejemplo de cómo llegar a tener. Y para el que tiene, un reflejo de cómo obtener más. Son aparentes historias irreales que exacerban el morbo”.
Bertha Cuenca de Jaramillo, también psicóloga y socióloga, sostiene que solo la educación puede formar conciencia y aquilatar valores. Hacernos selectivos frente a la televisión de señal abierta. “La violencia es real y no cuestión de telenovelas, pero ver contenidos negativos lleva a la depresión a los más vulnerables; finalmente se puede delinquir”.
En internet se han creado grupos en Facebook (que suman unos 4.000 usuarios) para rechazar telenovelas donde se exalta la acción mafiosa, alimenta el estigma de los colombianos en el exterior y enseñan antivalores, como el ansia por el dinero fácil, el uso sexista de la mujer y un poder brutal sustentado en armas y sicarios.
También esa red social señala la opinión de quienes disfrutan de estas producciones porque “hacen un trabajo olvidado por los noticiarios: contar historias y generar reflexión y debate”.
La web vanguardia.com.mx recoge, asimismo, la opinión del colombiano Fernando Gaitán, creador de Yo soy Betty, la fea, y del mexicano Pedro Torres, productor de Mujeres asesinas (que tuvo una versión ecuatoriana), quienes en la pasada VII Cumbre Mundial de Telenovelas y Series de Ficción coincidieron en la necesidad de contar historias propias y los temas que preocupan en Latinoamérica, y reflexionar.