Es verdad que existe bastante desempleo en el país, y que se debe apoyar a las personas humildes que trabajan como comerciantes informales y se ganan la vida de manera honesta vendiendo caramelos en los buses urbanos, pero desde hace algún tiempo vienen causando una serie de molestias y disgustos a los usuarios, ciertos “carameleros” que se suben en los transportes públicos, en cualquier punto de la ciudad.
A veces con la complicidad de los conductores de las unidades, o por temor a represalias, a los “vendedores” se los deja ingresar a los buses, colectivos, busetas; no con el ánimo de “ofrecer” sus productos, sino de robar las pertenencias de los pasajeros.
Hace unas semanas, aproximadamente a las 15:30, tomé un micro de la línea 56 en la avenida Delta con dirección al sur; todo era normal durante el trayecto hasta cuando abordaron el colectivo dos sujetos mal encarados, quienes dijeron de manera amenazante: “Si no compran los caramelos, les robamos las cosas de valor que cargan”.
Toda la gente se asustó y comenzó a comprar por la fuerza, pero en mi caso tuve que demostrarle bien a uno de ellos que yo no portaba dinero en los bosillos.
Me pregunto, ¿cuándo podremos los ciudadanos viajar tranquilos y seguros en los buses urbanos?
Jhonny Muñoz Lima,
licenciado, Guayaquil