En ocho hectáreas y rodeado de manglares y otras especies de árboles, está ubicado el Parque Histórico de Guayaquil.
Tiene tres zonas claramente distinguibles; la zona de vida silvestre, la zona urbano-arquitectónica y la zona de exposición de tradiciones.
En la zona de vida silvestre hay al menos ciento dieciocho especies de animales, de las cuales noventa son aves, entre las que sobresalen los papagayos y el águila arpía. Hay algunas especies rescatadas de un proceso de extinción, que se trata de evitar.
Esta zona permite ubicar al visitante en el entorno natural en el que nació, creció y se desarrolló la ciudad y su economía, por eso destacan en ella los plátanos, el cacao, el arroz. Hay también plantas medicinales y un vivero que permite al visitante adquirir algunas de ellas.
La zona urbano-arquitectónica ofrece una visión de lo que fue la ciudad de principios del siglo XX, en ella fueron reubicadas casas tradicionales de Guayaquil y el Hospicio Corazón de Jesús, todas permiten apreciar las construcciones de madera, las ventanas que dejaban pasar el aire y protegían del sol. Arquitectura hermosa y funcional, propia del clima de la ciudad. En algunas de ellas se aprecian piezas del mobiliario de la época. En esta zona se puede encontrar también el transporte urbano que existió antes del tranvía eléctrico: un carro sobre rieles tirado por mulas y los típicos tendales de cacao frente a las casas en el malecón.
En la zona de tradiciones se ubica el mundo rural, la casa de hacienda, la casa campesina, el taller de artesanía. Era la zona donde latía la economía del país que vivía de la agroexportación.
El Parque Histórico que respondió a la necesidad de conservación del patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad, dentro de los programas culturales del Banco Central, ahora está punto de pasar a otro organismo del Estado. Quizás usted, amigo lector, supuso que al Ministerio de Cultura, pero supuso mal, pasará al Ministerio de Turismo.
Ciertamente, en todas partes el patrimonio histórico, cultural y artístico es un atractivo turístico, permite a los visitantes ubicarse mejor en la cultura del país que visita y a los ciudadanos del país visitado mostrar orgullosamente sus raíces, su evolución, su manera tradicional de resolver sus necesidades.
Pero el patrimonio histórico es un atractivo turístico en cuanto conserva las características de tal en su pureza, cuando lo pierde, deja de ser lo que es y por lo tanto deja de interesar, aunque no lo parezca. De tal manera que si es necesario que se coordine con quienes manejan bien, porque es lo suyo, la promoción y la oferta turística, no parece lo más adecuado que sean estas instituciones las que los administren y mantengan.
Administrar y conservar el patrimonio es ya una tarea interdisciplinaria de especialistas, por eso nos preocupa y hasta alarma que el Parque Histórico de Guayaquil, el único sitio que conserva algo de la arquitectura propia de la ciudad, que la perdió por los incendios que registra la historia, pase a manos que quizás sean expertas en promocionarlo y no en conservarlo.