- FEB. 05, 2010 - Foto - Comunidad - EL UNIVERSO
Priscila Castro y su hija, Miley Segura, cruzan la escalera de madera elaborada sobre el estero Salado. Ella trasladó aquí su casa por la falta de servicios básicos.
Jairo Castro carga dos de las pomas en las que trae agua a diario desde la avenida principal de la coop. Vencer o Morir.
Prefieren caminar sobre endebles escaleras que han improvisado a la entrada de cuatro viviendas construidas sobre el estero Salado. Esta elección no fue sencilla para Yirabel Solís.
Ella integra una de las 57 familias damnificadas por el incendio ocurrido el pasado 30 de septiembre, que destruyó 46 viviendas en la cooperativa Nuevo Rumbo de la isla Trinitaria.
A Solís, al igual que a las otras familias, el Municipio de Guayaquil les prometió la entrega de casas de Hogar de Cristo, en una competencia con el Gobierno por prestar ayuda.
Solís fue reubicada por el Municipio en la coop. Vencer o Morir, junto a otras 18 familias, pero como no tenía ni luz ni agua, trasladó la vivienda hasta el estero Salado, en la coop. Nuevo Rumbo.
A un costado de su casa también instaló la suya Priscila Castro, de 25 años. Al igual que Solís, la falta de servicios básicos, un espacio donde construir un baño y los robos la obligaron a retornar al agua.
Allí ellas tienen luz porque se han conectado a uno de los transformadores. Solís no entiende por qué a los perjudicados del incendio en la cooperativa Esmeraldas Chiquito sí les rellenaron las orillas del estero para construirles viviendas.
Castro, en cambio, recuerda que funcionarios del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) les ofrecieron que en enero, después de que terminaran los trabajos en Esmeraldas Chiquito, les ayudarían.
Ella no quiere regresar a la cooperativa Vencer o Morir. “Allá se roban los techos; el primer día que nos cambiamos a una amiga se le llevaron la cocineta”, denuncia Castro.
Convencida, asegura que ahora está mejor y que lo mismo hicieron otras familias.
Rosa Valencia, también beneficiaria de una de otras 20 viviendas de Hogar de Cristo, que el Municipio donó en la cooperativa Nuevo Rumbo, le preocupa que hace tres meses no lleguen sus planillas de agua; lo mismo pasa en las otras casas.
A Norma Vallesilla le molesta que no le reemplazaran el techo de su vivienda que se dañó cuando los bomberos pasaron las mangueras para apagar el incendio, que además causó la muerte de un niño de 5 años.
Teme cada vez que llueve, pues tiene un techo improvisado de plástico.
Llegar a la cooperativa Vencer o Morir, cerca del Trinipuerto, no es sencillo, como tampoco lo es llevar el agua hasta las viviendas.
En esa zona, según moradores, se reubicó a veinte familias del incendio de la coop. Nuevo Rumbo: quince se quedaron y cinco se marcharon porque no les gustó el sector.
Las que se asentaron en el lugar decidieron recuperar lo que destruyó el incendio. Anita Castro, de 36 años, tiene un puesto de legumbres. Ella dice estar satisfecha con la reubicación.
A un costado de la puerta de su casa la ropa sucia está acumulada por falta de agua.
Sus hijos Miguel, Jairo y Jaime Torres, de 8, 9 y 12 años, caminan a diario con ella unos doscientos metros durante treinta minutos para poder llenar de agua sus pomas, en la avenida principal.
Otros, como Rosa Nazareno, desean expandir sus casas y que legalicen sus terrenos.