ARGENTINA |
Los periodistas le vamos a deber a TEM el galimatías para bogar con un remo en el mar de la fantasía y el otro en un río de carne y hueso. ¿Qué es Santa Evita sino el relato terrible y patético de la necrofilia argentina? ¿Cómo se cuenta esa historia, real como mis zapatos, de la pasión tremenda que florece de los tuétanos de la argentinidad, que nos denuesta en vida y nos enaltece al morir? ¿Quién nos enseñará la codicia sino los escritores con talento? ¿Quién es el periodista de la envidia, de la pobreza, del crimen, de los celos o de la santidad? ¿Quién nos cuenta las apasionantes historias que hay detrás de cada puerta y de cada ventana de nuestras ciudades y pueblos?
Decididamente la crónica no es el relato más verídico de la historia y por eso nos viene bien que alguien nos muestre que se dicen grandes verdades con novelones. Alejandro Dumas escribió la historia de la venganza en el Conde de Montecristo, pero la venganza y sus historias no se agotaron en la vida de Edmond Dantès y dan para otras mil novelas que todavía no se escribieron.
Toda la magia del entrevero de ficción y realidad está plasmada en el título de La novela de Perón que cuenta la historia real de un mito en una novela real (no es una historia con licencias de novela). Es que Perón es a la vez un personaje real y uno de novela y ya se ve que a TEM lo alucinaba como a millones de argentinos.
“Una novela es una abeja reina que vuela hacia las alturas, a ciegas, apoderándose de todo lo que se encuentra en su ascenso, sin piedad ni remordimiento, porque ha venido a este mundo solo para este vuelo". Por eso TEM llamó El vuelo de la reina a la historia tormentosa de un editor general ya maduro y su noviecita de la redacción de O Estado de S. Paulo. Pero los protagonistas principales de la novela son los celos y no Antonio Pimenta y Sandra Gomide.
TEM nos mostró que se puede y se debe informar con metáforas. Más, que la fuerza de la metáfora es irreemplazable para relatar muchísimos hechos que ocurrieron en la realidad. Y no solo con textos, también con fotos y con dibujos lo hacemos los periodistas todos los santos días. El mismo TEM decía que muchas veces no se daba cuenta de la diferencia. Empezaba a escribir y el texto podía sobre el autor, como le pasa a tantos escritores. A los periodistas lo que se nos impone es la verdad. Y sabemos que envilecemos nuestras plumas si la tergiversamos (y dejamos de ser periodistas en ese instante y para siempre).
TEM era mucho más periodista que escritor. Probaba esta condición su apertura infinita de cabeza y de corazón. Era a la vez amigo de Gabriel García Márquez y de Mario Vargas Llosa. Podía escribir lo mismo en La Nación que en Página 12, dos diarios de Buenos Aires con visiones y líneas editoriales contrapuestas. Y eso no quiere decir que TEM no fuera un hombre comprometido con las luchas de su pueblo, como lo mostró en La Pasión según Trelew y Purgatorio.
“De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante. Allí donde los documentos parecen instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta. Preguntar, indagar, conocer, dudar, confirmar cien veces antes de informar: esos son los verbos capitales de la profesión más arriesgada y más apasionante del mundo” y más adelante aclaró TEM, en la misma reunión de la SIP, que el periodista debe involucrarse con los dramas de sus semejantes: “El lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender por qué, para qué y el cómo de las cosas, con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez”.
Por eso los periodistas extrañaremos a TEM, como siempre llamaron los amigos a Tomás Eloy Martínez. Y me van a perdonar la confianza, pero todos los lectores somos amigos de nuestros autores preferidos.