¡Yasuní, hasta decirlo es armonioso, territorio mágico, extraordinario y asombroso! Hábitat de excepcional flora y fauna, únicas en el territorio ecuatoriano, y en la contabilización de especies únicas de nuestro planeta.
El prestigioso The New York Times nos informa cómo millonarios países árabes que están inmersos en un desierto sin fin, y que en esas arenas no puede cultivarse ninguna brizna de alimento, están comprando en África terrenos para cultivar lo que en sus países no se puede sembrar. Bosques no existen en esos países. Nunca leí advertencia más profética y veraz, cuando en Costa Rica, al arribar al aeropuerto, leíamos en grandes titulares: “Cuide la naturaleza, esta no es suya, es de sus descendientes. Nos corresponde decir lo mismo sobre el Yasuní... Es nuestro deber proteger su existencia, debe perpetuarse para siempre. Fue un regalo de Dios. Brasil hace incursiones militares para proteger su Amazonía. Fácil es sospechar que el Yasuní sea un botín para secretos negociantes, para lucrar y usufructuar de esas codiciables selvas. La estulticia y la codicia rondan en las cercanías de territorios petrolíferos.
El presidente Correa, al referirse a quienes estaban logrando con prestigiosos países arreglar con justicia el intercambio de guardar bajo tierra el petróleo que existe en el Yasuní, se ha referido tan incultamente a estos honestos capacitados colaboradores con palabras que asombran en boca de un mandatario y colocan al Ecuador con una vergonzosa calificación. Personajes reconocidos y prestigiosos fuera y dentro del Ecuador, al tildarlos de “infantiles”, pienso que pudo haberse equivocado y al errar esa palabra, en realidad quiso decir “infalibles”. Recordemos su error al decir públicamente: “¿Quién fue el idiota?...”. Es fácil equivocarse cuando el Presidente discurre en sus torrenciales y confusos galimatías que llama oratorias informativas. ¿Con qué derecho pretende el Presidente adueñarse del Yasuní como si fuese suyo, para convertirlo en basurero contaminador con el sucio petróleo?
Yasuní es de todos los ecuatorianos y tenemos patrióticamente que salvar ese territorio inviolable nacional.
Leonor Estrada de Vinueza,
Guayaquil