Muchos hablan del Parque Nacional Yasuní, donde hay una serie de plantas y animales únicos en el mundo, y mucho petróleo debajo de su tierra.
Políticos, analistas, autoridades dicen que deben explotarse esas tierras, o que no deben tocarse; otros opinan que se lo puede hacer con algo de cuidado, no dañando tanto la naturaleza.
Ven este Parque como área ecológica sagrada, o como barril de oro negro (petróleo) para sacar buenas ganancias económicas, o como vivienda de importantes etnias nacionales con derecho a este territorio y a las que hay que defender.
Las discusiones no paran, y continúa el temor de los que defienden al Yasuní; de que en cualquier momento se dé una gran explotación petrolera.
Como de por medio a toda la discusión hay vida (de hombres, de animales, plantas, de la naturaleza en sí) que podría perjudicarse con una explotación de petróleo, creo sinceramente que no deben meter maquinarias, campamentos, gente, ni hacer perforaciones de tierras, ni cortar árboles, ni causar ruido, ni hacer nada, y dejar en paz ese paraíso ecológico, regalo de Dios.
Eduardo Cáceres,
Quito