El último zarpazo que el “monarca” Chávez le dio a la alicaída democracia venezolana con el cierre de RCTV y otros canales opositores es una clara demostración de que se está jugando el todo por el todo.
Temor y rabia siente por estar perdiendo espacio rápidamente en el espectro geopolítico con Colombia, Perú, Panamá, Honduras y ahora Chile en el lado contrario de su maquiavélica ideología neofascista. Se suma a esto una importante baja en su popularidad generada especialmente por la falta de energía, agua y una grotesca devaluación recientemente aplicada.
Esto lo está haciendo actuar tratando de exterminar por completo cualquier manifestación de oposición ideológica en un país que se cae a pedazos por el odio y la intolerancia que él comenzó a sembrar hace diez años; como parte de una estrategia cuyo único objetivo era, es y será perennizarse en el poder a cualquier costo.
Lo único bueno de la triste reciente historia del pueblo venezolano, si es que se puede llamar bueno, es que está sirviendo de ejemplo para enseñarle a todos los pueblos libres de Latinoamérica que es un fatal error tratar de alcanzar la justicia social sacrificando lo más preciado que los seres humanos tenemos: la libertad.
La libertad se la está sacrificando, sin darnos cuenta, solo para satisfacer insaciables ansias de poder de un solo hombre, “uno por cada país”; para pretender erigirse como “rey” gobernando a través de “edictos” que modernamente se podrían llamar “decretos”; y utilizando la cárcel como castigo para los que disienten, inventando delitos a sus opositores o acusando falsamente de “terrorismo” o “conspiración” a los que protestan. Todo, al más puro estilo del nacional socialismo de Hitler, del fascismo de Mussolini o de la cruenta dictadura franquista.
Si el pueblo venezolano ya está sufriendo sin luz, sin agua, sin poder disfrutar de alimentos básicos como la leche, los huevos o la carne; si se está quedando poco a poco sin voz que pueda reclamar o denunciar; si ya cae la sangre de sus hijos por intolerancia no esperemos a que el sufrimiento llegue a nuestro jardín para reaccionar; especialmente todos aquellos que gracias al esfuerzo de nuestros padres y al nuestro estamos generando producción (pequeños, medianos o grandes industriales, comerciantes, productores, profesionales, transportistas, etcétera) sin abandonar nuestra patria, luchando contra todas las adversidades; con la única finalidad de alejar de nuestros hijos las terribles necesidades e inseguridades que hoy se viven por ineficiencia o corrupción; dándoles también la oportunidad de tener un futuro mejor con una educación adecuada, con la esperanza de que sus logros sean limitados únicamente por su inteligencia, capacidad y deseo de superación.
Enfrentemos desde ahora con valor y determinación a la pesada bota del totalitarismo del siglo XXI que pretende aplastar nuestra valiosísima libertad.
Flavio Arévalo,
ingeniero, Guayaquil