martes 02 de febrero del 2010 Columnistas
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Leonardo Valenciacorreo@leonardovalencia.com

El retorno a la escritura

BARCELONA, España

Dentro de poco se considerará un derroche de espacio haber guardado tanto papel en descomposición en ese lugar que considero el más acogedor –y revelador– de una casa: la biblioteca. Ya ocurre con las enciclopedias.

Pocos se animan a comprar una con cincuenta gruesos tomos. Pero costará un poco más dejar atrás ese artefacto sofisticado que es un libro impreso por el también sofisticado libro electrónico, más aún si pensamos que cuando llegó la imprenta se necesitaron tres siglos para que los lectores aceptaran que un libro impreso fuera fiable como el original manuscrito.

Poco debería preocupar perder un soporte por otro, porque siempre se está difundiendo lo escrito. Pero sí inquieta saber si afectará lo digital a la escritura narrativa. No me refiero únicamente a las distorsiones de los mensajes de celulares, que desarmaban a un profesor de gramática, de los que ya no dudamos –eso supongo– cuando vemos un signo como el que cierra el final de este párrafo: - )

Un investigador como Dan Sperber considera que la motricidad manual en la escritura desaparecerá por completo, y que la oralidad será predominante porque la tecnología permitirá una fluida conversión de la voz en texto.

Abreviando: los teclados desaparecerán. De alguna manera, el periodo que abarca desde la aparición del e-mail y los  chats  hasta esa posible desaparición del teclado, podría llegar a ser considerado un periodo idílico de retorno a la escritura.

Esto me inquieta más que la desaparición del libro impreso, porque precisamente la principal transformación verbal está en el paso de lo oral a lo escrito. Lo escrito no es una mera trascripción sino una recreación con un espacio y un tiempo específicos. En la “paginación” de los blogs, en Facebook o en un SMS, se opta por la brevedad –Twitter limita a 140 caracteres–, y esto hace que el discurso también se modifique. Como bien señala Roger Chartier, el verdadero cambio se produjo cuando pasamos a las pantallas, porque la unidad o la forma del objeto altera también la unidad del discurso.

¿Cómo es el retorno a la escritura luego de pasar por la experiencia de una pantalla interactiva? Empecemos por tener siempre presente que todo libro impreso pasa previamente por un documento digital, es decir, ya es un libro digitalizado. Luego propondría dos aspectos constatables del cambio: se ha retornado a la escritura breve y hay una expectativa mayor en la maquetación de una página impresa. Quienes ahora son nativos digitales no se contentarán, como algunos de nosotros, alfabetizados digitales, con las páginas convencionalmente maquetadas. Esto implica el cambio compositivo en muchos libros literarios. El auge del microrrelato o novelas como  Diario de un mal año,  de J.M. Coetzee y  House of Leaves  de Mark Danielewski, señalan algunos de estos nuevos horizontes.

Lo cierto es que cada vez somos más conscientes del tamaño y la disposición de una página. Es la proporción que favorecen ahora los libros electrónicos. Lo interesante, por lo tanto, no es que cambien los libros sino cómo este cambio está modificando la escritura. Porque la manera en que aprendemos a leer implica siempre una nueva manera de aprender a escribir.

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