- FEB. 01, 2010 - Foto - Cine y TV - EL UNIVERSO
Últimamente me he detenido en las series antiguas. Hay una en particular de la que yo no pude apreciar su nacimiento sino su reprisse. Y aún en su reprisse seguía emocionada, a pesar de los 20 años transcurridos. Me refiero a la serie de ‘Batman y Robin’, que nació del cómic en 1966.
Cuando yo la disfruté, en los ochenta, todavía seguía guardando frescura. Verla ahora, gracias a la televisión por cable, no evita el olor a guardado de sus chistes. Sin embargo, y pese a que ya no me haga reír, se disfruta por su sentido de la inocencia y la seudofilosofía que lleva impresa. Los diálogos del “dúo dinámico” trataban de axiomas, paradigmas, ética, moral. En fin, eran verdaderos circunloquios de los que se podría extraer una suerte de enseñanzas de cultura general bastante provechosa.
Los villanos eran perdonados, tratados con compasión, vistos desde una óptica de seres humanos. “Ningún hombre es totalmente malo”, dice Batman, y claro Robin responde: “¡Santos axiomas, Batman!”. “Todo ser humano es digno de mi compasión”, continúa Batman; mientras yo me pregunto: ¿adónde se fueron esos superhéroes tan alejados de las armas mortales, la sangre y la muerte?
La pena máxima y el peor castigo en aquella utópica ciudad Gótica era solamente la cárcel. Entre los recursos de audio creo que merecen destacarse los silencios de esta serie. Significan, coadyuvan a generar un grato proceso de reflexión en el televidente.