Iberia, 11 y más de la noche partiendo hacia el Viejo Continente. Un viaje organizado con mucho tiempo, unas vacaciones perfectas de 17 días, que se fueron volando, tantas maravillas por ver y horas que hacen falta. Con mi esposo aterrizamos en Madrid, agarramos vuelo a Barcelona, y aquí empezaba la ruta.
Entre los países por visitar estaba Italia, y luego de cuatro días fantásticos en Roma llegué a Florencia, y literalmente me enamoré. Bromeaba diciendo que en otra vida he vivido ahí porque me sentía completamente identificada con las calles, la gente, el arte, el romanticismo…, o no sé si después de pasar por Roma, que es de un movimiento y dinamismo impresionante, en Florencia regresa la paz.
Luego de los recorridos propios del lugar, al segundo día alquilamos carro con rumbo a La Toscana. El fin era llegar a San Gimignano y Siena, y en el camino apreciar los famosos paisajes. Está literalmente cerca, a una hora. Nos fuimos sin GPS, realmente no se necesita, la señalización está estupenda.
San Gimignano es un pueblo amurallado, de origen medieval, y ni bien se llega y se empieza a trepar la colina –porque los carros se parquean afuera, adentro todo es peatonal– se siente que el paso del tiempo se ha detenido. Dicen que siempre hay muchos turistas, por suerte el día que fuimos, a principios de octubre, estaba bastante despejado.
El tema ahí es caminar por las calles angostas y empedradas, mientras se disfruta de la artesanía, piezas de cerámica pintadas a mano, con ese colorido en tonos tierra especial de La Toscana.
San Gimignano está aproximadamente a 40 minutos de Siena, así que se puede visitar sin apuro. Un día es perfecto para hacer todo el recorrido.
Es famoso por su arquitectura medieval, especialmente sus torres, las que en su momento sirvieron como fortaleza y símbolo de riqueza.
Incluso este centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Como el poblado está asentado en lo alto de la colina la vista es cautivadora. Fue fundado por los etruscos y lleva su nombre por el obispo San Geminiano, que la defendió de los hunos de Atila.
El lugar mantiene su esencia original y no ha sufrido transformaciones. Conserva aún quince torres de diferente altura, como la Torre Grossa, que tiene 54 metros. Hay dos iglesias, La Colegiata y San Agustín, museos, y por efectos de turismo, muchos restaurantes y tiendas.
En Italia, las plazas son muchas y aquí no iba a ser la excepción. Hay 4 piazzas, entre estas, la della Cisterna es la más central, y donde sin saber llegué a la mejor heladería del mundo, la Gelateria Di Piazza. No porque yo lo diga, sino porque ha sido premiada por 4 años seguidos, incluso en el 2009, con ese título. Y la verdad es que sí estaban deliciosos, probé el de chocolate con avellanas, con naranja, maracuyá y mora. Sumamente cremosos, creo que el premio es merecido y la visita, obligatoria.
Después de esta dulce parada, me despedí de este pueblo como sacado de un cuento.
Un viaje en carro sin perderse no tiene anécdotas, lo cierto es que nos equivocamos de carretera, pero superado el problema en poco tiempo llegamos a Siena, considerada como una de las ciudades más bellas de Italia. Está rodeada de plantaciones de vinos del Chianti, muy de la región. También amurallada y peatonal. Calles estrechas llevan al centro de la ciudad, donde se alza la Catedral, una belleza imponente, con detalles en mármol rosa y blanco en cada columna y volado. Los pisos, trabajados desde la entrada, son preciosos, y se puede dedicar horas a analizarlos, igual que el interior con su mármol verde en franjas y sus adorables pinturas.
El famoso Palio es una carrera de caballos tipo medieval que se realiza el 2 de julio y el 16 de agosto justamente en Siena. En menos de 3 minutos dan vueltas a la Plaza del Campo, la que tiene forma de concha inclinada y donde la gente normalmente se sienta a descansar.
Está rodeada de antiguos palacios, entre estos, el Palazzo Pubblico. El mármol blanco contrasta con el ladrillo, los juegos geométricos en las ventanas y la enérgica torre rematada con piedra blanca, con 88 metros de altura, son perfectos para terminar un día admirada por la belleza.
Si va de visita y el tiempo le da, no deje de visitar el área del Chianti entre Florencia y Siena, una de las más hermosas zonas de vinos, yo la dejé apuntada para un próximo viaje, el que espero sea muy pronto.