Hay que ser ciego para no ver que Fabián Alarcón, perdón, el Corcho Cordero, le está serruchando el piso a Abdalá Bucaram, perdón, a Rafael Correa. Es la típica maniobra antidemocrática de los viejos congresos que, cuando la popularidad del presidente se desmoronaba, buscaban el modo de que la marejada no los arrastre para seguir en la troncha.
Ojo que no estoy diciendo que Fabián Cordero prepare un golpe de Estado violento contra su ex jefe. No, a Cordero no le interesa que los generales intervengan. Se quedaría sin tajada, porque entonces se convocaría a la típica comisión de notables para que designe un presidente provisional.
Fabián Cordero no quiere una revolución contra Correa sino una reforma. El correísmo sin Correa. Como en Chile, donde Pinochet bajó del pedestal pero en paracaídas, lentamente, con el compromiso de no meterlo preso ni perseguirlo. (Solo que vivió demasiado, más de lo que se había previsto).
Cordero le ofrece a Correa el mismo acuerdo. Te vas, no te perseguimos, la Constitución de Montecristi, tu gran logro histórico, sigue vigente; algún día podrías incluso regresar para candidatizarte a la presidencia, pero ahora das un paso al costado. Mientras tanto, yo, Fabián Cordero, me hago cargo del poder. ¿Quién desmontó el régimen de Trujillo en República Dominicana? Balaguer, su mano derecha. ¿Quién desmontó el franquismo en España? El rey Juan Carlos, que vivió desde niño a su lado, respetándolo como a un padre.
Sin embargo, en Chile y España, para que la transición triunfe, fue indispensable que la oposición colabore. Fabián Cordero lo sabe. Su acuerdo legislativo en torno a la Ley de Comunicación apunta en esa dirección. Es un paso táctico hacia el objetivo estratégico de lograr un acuerdo con Correa, con todas las bancadas legislativas, o con casi todas, y con los principales poderes “fácticos” (los indios, los sindicatos, los banqueros y los medios de comunicación) que incluya: 1. Correa se va. 2. La Constitución sigue vigente. 3. Fabián Cordero asume el poder.
Eso no significa que a Correa este oficio sí le guste, mantantiru tiru lán. No señor, este oficio no le gusta, así que va a patalear. Apelará al pueblo con toda su habilidad demagógica. Podría disolver la Asamblea o convocar una consulta popular, terreno donde siempre ha sido fuerte. Fabián Cordero también lo sabe, y por eso está dispuesto a aguantar, tratando de cansar al toro pero sin clavarle la espada. Por eso toma distancia de Correa y luego le sopla un piropo. Vuelve a distanciarse, y vuelve al beso volado. Así se juega en la alta política, como los chinos, con paciencia.
¿Cuál debe ser la postura de los ciudadanos? Sin apoyar políticamente a Correa, habrá que defenderlo de cualquier maniobra ilegal. No se trata de la persona sino del principio. Correa no se tiene que ir ni por un golpe militar ni por un golpe palaciego. Correa solo tendrá que salir cuando se consiga la revocatoria constitucional de su mandato, o porque renuncia voluntariamente ante la presión de un pueblo cada vez más descontento, o porque termina su periodo en la fecha prevista. Y si se va antes de hora, tendrá que asumir Lenin Moreno, durante tres años, esperando nuevas elecciones.
No creo en el correísmo sin Correa. Sería la misma mostaza con otra marca.