martes 01 de diciembre del 2009 Columnistas
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Hernán Pérez Loose

Recogiendo los llantos

El presidente Correa se ha quejado del Ecuador en la Universidad de Lovaina, Bélgica, donde un día gracias a gestiones de la Universidad Católica de Guayaquil siguió un curso de  posgrado. Esta es la segunda vez que se lamenta del Ecuador en ese centro de estudios. La primera vez, según él mismo lo admitió, fue cuando descubrió lo poco que la Católica le había enseñado de economía, algo por lo que lloraba a menudo.

No sabemos si esta vez volvió a llorar en Lovaina. Lo que sí informó la agencia de noticias EFE fue que lanzó las consabidas quejas contra los periodistas independientes, reiteró su apoyo a la así llamada “Ley Mordaza” y su firme decisión para que se impongan sanciones a los periodistas que no digan “la verdad”.

Lo que el presidente Correa no sabe es que Bélgica, con 20 y pico de periódicos, es uno de los países más liberales en materia de comunicación en el mundo. En el 2007, Reporteros sin Fronteras, una organización no gubernamental, clasificó a Bélgica como el quinto país en el mundo con mayor libertad de prensa, precedido por Islandia, Noruega, Eslovaquia y Estonia. En Bélgica, a ningún político, a ningún académico relativamente serio se le pasaría por la cabeza proponer que se constituya un organismo como el que Correa quiere establecer en el Ecuador para sancionar a los periodistas y  cerrar medios de comunicación por no decir “la verdad”.
Tampoco lo hay en Alemania, Chile y decenas de países democráticos que hemos investigado.

El artículo 19 de la Constitución belga reconoce el derecho a la libre expresión en todas las materias, sin perjuicio, obviamente, de la represión de los delitos que pudiesen cometerse en ejercicio de esa libertad. El artículo 25 declara que “la prensa es libre, no pudiendo nunca establecerse la censura”.

Curiosamente, la referencia a los delitos (injuria, difamación, etcétera) que puedan incurrirse en ejercicio de la libertad de expresión –que es el régimen que tradicionalmente ha existido en el Ecuador y en otras naciones– ha sido abandonada en la práctica por obra del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En Bélgica, como en muchos países europeos, los medios se rigen por códigos de conducta voluntarios, no por leyes sancionadoras. Lo que sí hay en Bélgica son leyes que garantizan el acceso de la prensa a la información.

Una de 1998, por ejemplo, obliga al Ministro Fiscal a designar un funcionario para atender los pedidos de la prensa. Bueno,  tampoco en Bélgica hay cadenas nacionales a cada rato, ni le está permitido al Jefe de Gobierno dedicarse a insultar por la radio a quienes disienten. De hacerlo, hace rato que estaría sancionado por la justicia.

La prensa belga es conocida por su agresivo escrutinio de los funcionarios públicos. Desde las  infidelidades familiares hasta sus pactos políticos, nada se salva de ser publicado. En fin, es difícil entender qué hizo Correa en Lovaina. Ha demostrado que no aprendió de economía. Ahora vemos que tampoco se enteró sobre su libertad de expresión.

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