Domingo 22 de noviembre del 2009 Columnistas Deportes

Preferir el error, persistir en él

Por Jorge Barraza (jorge.barraza@conmebol.com)

Alguien tenía que decirlo

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Jorge Barraza.

Sudáfrica 2010 no podrá ufanarse de recibir a “las 32 mejores selecciones del mundo”. Al menos en un caso (Francia-Irlanda) no se estableció deportivamente cuál de ellas es mejor. Un desgraciado error arbitral le extendió el boleto a Francia. Como todo el mundo vio –menos el juez–, el gol que permitió el empate francés fue primero un flagrante off-side y después una descarada mano de Thierry Henry.

No adherimos a la idea del árbitro vendido: estamos convencidos de que el sueco Martin Hansson es nada más que un mal referí. Uno más entre muchos, especialmente europeos, que gozan de gran reputación pero cometen fallas colosales.

Si fuese futbolista, diríamos sencillamente que Hansson “es un tronco”. Muy bien preparado atléticamente, eso sí. Y arrogante. En lugar de lamentar el desliz y disculparse ante una nación que se quedó sin Mundial por su desacierto, parece haber hecho un curso fulminante de autoayuda: “Sobreviviré a esta tormenta. La vida debe continuar”, dijo. El Congreso Mundial de Psicólogos lo va designar el personaje del año.

Y de tormentas sabe Hansson. Ya fue congelado por la UEFA en el 2008 tras otra grave equivocación en un partido Liverpool-Atlético de Madrid por la Champions League. Allí sancionó un inexistente (pero muy inexistente) penal a favor del club inglés. Como en este caso, Steven Gerrard, el beneficiado, reconoció que no hubo falta.

Es curioso, pese a ello, al colegiado le fue confiada la todavía fresca final de la Copa Confederaciones entre Brasil y EE.U., en la que no convalidó un gol de Brasil en el cual la pelota había entrado. Hansson está designado para pitar en Sudáfrica 2010. ¿Dirigirá...?

Tampoco adherimos a la idea de que “a la FIFA le interesa que clasifiquen los poderosos”. Francia no participó de los Mundiales 1990 y 1994, y nadie se acordó siquiera del tema. Otros campeones como Inglaterra y Uruguay quedaron fuera varias veces. Y, parafraseando a Hansson, la vida continuó.

En descargo del patadura  Hansson podría decirse, nobleza obliga, que por la forma en que se dio la jugada, pudo haber estado tapado para advertir la mano de Henry. La TV pone cámaras ahí. Por eso pudo observarse con absoluta claridad la pecaminosa acción. Pero quienes primero se ufanaban alegremente de que estos errores constituían parte “del folclore del fútbol”, ya no están tan serenos ni soliviantados. No deben haber dormido en paz, esta es una mancha terrible a la credibilidad del juego.

Años llevamos insistiendo en que la injusticia no es folclore. Ni es para reír. Irlanda entera se siente víctima de un despojo. Mientras los demás deportes acuden con éxito al video y otras formas tecnológicas, el deporte número uno del mundo se niega. El video es el paso más trascendente del referato en el rugby. El juez camina 15 metros hasta una cabina, mira la jugada y decide lo correcto. No pasan más de 45 segundos o un minuto. No ha desnaturalizado el juego, lo mejoró ostensiblemente. Todo lo que haga más limpio y justo al deporte, debe ser bienvenido.

Hay más: el árbitro tiene en la tecnología la posibilidad de descartar cualquier sospecha sobre su persona. Y su madre sería menos recordada. El fútbol parece preferir el error, se obstina en él. Eso se llama contumacia, y no es virtuoso.

Aparte del fresco señor Martin Hansson, juez ignorante de un robo, no debemos olvidar que hubo un ladrón. La mano de Henry es todavía más condenable que la de Maradona en México 1986. Este tiró el cabezazo, cuando vio que no llegaba metió el puño y ya. Henry la paró, luego la acomodó llevándola unos centímetros con la palma de la mano para ponerla delante de su pierna zurda. Pararla pudo haber sido instintivo; lo que siguió fue doloso.

El reconocimiento de la falta de parte de Henry es ponderable. Pero se desinfla ante el silencio de la federación francesa. Y ante el festejo, casi, del técnico Doménech, quien más o menos dijo algo así como: “Ah, no sé, no sé... clasificamos”.

Henry aún tiene la chance de que el mundo lo absuelva: debería autoeliminarse del Mundial. “Si Irlanda no va a Sudáfrica por mi culpa, lo justo es que yo tampoco vaya”. Es más, ganaría el premio Fair Play.

Los tres problemas centrales en materia referil son: 1) Se mide a los jueces por las pruebas físicas, médicas o psicológicas, cuando debiera evaluarse mediante porcentaje de aciertos. 2) Persiste la idea de negarse a la ayuda de la tecnología. 3) Continúa el criterio de dar de baja a los jueces por edad y no por rendimiento. En el mejor momento de su desempeño arbitral, acaba de culminar la carrera internacional de Carlos Chandía, el excelente juez chileno. ¿Nos perdemos un buen administrador de justicia solo porque su documento dice que llegó a los 45 años...? ¿Está bien…? En su lugar entrará un joven inexperto que, cuando termine de madurar y completar su formación, deberá irse.

El mundo condenó para siempre a Maradona por su “mano de Dios”. ¿Qué pasará ahora, cuando la trampa es de un europeo...?

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