Viernes 20 de noviembre del 2009 Cine y TV

Un delicioso y entretenido filme animado en 3D

Por Daniela Creamer | dlcreamerg@yahoo.es

Crítica de cine

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Fotograma de la película animada Planeta 51, que se estrena hoy en las salas de cine de la ciudad.

En un planeta lejano, donde dominan los militares, en medio de las leyes del cosmos, desembarca un día cualquiera un astronauta norteamericano. Los habitantes del Planeta 51, aterrorizados por los filmes de ciencia-ficción que se enfocan en la figura del invasor malvado y de una posible invasión, reaccionan con terror y hostilidad. Solo uno de ellos, un joven empleado del Planetario, apasionado del universo y sus misterios, obligado a entrar en contacto con el inesperado visitante, descubrirá que se trata de un ser inocuo, aunque un poco fanfarrón.

Producción y talento español, con fuerte apoyo de Estados Unidos, Planeta 51 es un curioso híbrido entre ambas culturas: la primera potencia mundial y el rincón ibérico. Si bien es cierto que el guión proviene de la pluma solvente de Joe Stillman, nominado al Oscar por Shrek, la dirección y toda la maestranza es obra de España, que con esta película intenta proponerse como nuevo polo de excelencia para la animación europea y una buena alternativa para la fértil industria cinematográfica estadounidense.

El resultado es un delicioso y entretenido filme animado en 3D de alienígenas a la inversa, que alterna entre el humorismo y los escenarios norteamericanos de los años cincuenta, plagado de cercas blancas y televisores en blanco y negro, reminiscencia de la América inocente de los años cincuenta, con la exótica y atractiva fisonomía europea.

Visualmente es impecable, con personajes que se mueven con gracia, fondos complejos, ambientes sofisticados, iluminación y dirección de lujo. Menos impactante es la trama que, como suele suceder en la factoría Dreamworks, prioriza los gags (aquí no tan divertidos) en busca de una propia originalidad, evocando escenas de clásicos del cine sin ningún empacho, pero sin lograr, en este caso, la anhelada comicidad.

Facturado para un público infantil, quizás también adolescente, Planeta 51  busca el efecto mágico de E.T. y Regreso al futuro, y se olvida de impregnar una visión personal en la historia que termina cayendo en la clásica parábola socialmente conciliadora e, incluso, en la moraleja de la conquista del amor, que logra ser edificante solo en una primera lectura.

Mirando más a fondo, esta representación galáctica es aquella de un mundo de hombres –aunque no sean terrícolas, sino curiosas criaturas verdes estereotipadas– que relegan a la mujer como objeto del deseo, sin impregnarle jamás una verdadera personalidad. En línea con esto, resulta obvio que cuando el General, el más macho de la historia, es persuadido por la bondad del extraño, los otros también lo estarán.

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