El ciudadano Correa casi hasta pierde la voz vociferando contra los últimos gobiernos que no hicieron nada para solucionar el problema de la energía eléctrica, y yo le pregunto: ¿Qué ha hecho él en los casi tres aciagos años que tiene en el poder? Con los 22 mil millones de dólares que entraron al país por el alto precio del petróleo, bien pudo haber tomado medidas para solucionar definitivamente este problema, así habría, aunque sea, una obra hecha en su Gobierno para que talvez se mitigue el mal sabor de los miles de desaciertos de su administración. Pero no, se ha gastado una millonada creando 20 nuevos ministerios que nadie sabe para qué sirven. Aparte de llenar los bolsillos de su círculo, ha despilfarrado 30 millones de dólares en un avión de lujo para su uso personal, algunos millones en unos helicópteros inservibles, etcétera. ¡Algunos millones en armamento!, ¿para hacerle la guerra a quién? Y todo esto mientras los que votaron por él se mueren de hambre y ahora pierden parte de sus negocios por los apagones.
Pero por supuesto que la ciudad que soporta los apagones más extendidos debía ser Guayaquil, para satisfacer al mandamás; mas igual le agradecemos porque confirma el hecho de lo que dirigentes de la Nueva Junta Cívica expresaron en pancartas; el resto de guayaquileños lo sentimos en el corazón y tenemos la frase en la punta de la lengua. Aprovecho, aunque tardíamente, la oportunidad para decirle al ciudadano Correa que hace algunos años uno de mis hijos tuvo una dolencia en la columna vertebral y a pesar de que originalmente fue atendido en Estados Unidos, cuando requirió la operación acudimos al doctor Ramón Barredo, quien practicó la intervención con todo éxito; y como mi hijo se sometió estrictamente a las indicaciones del mencionado galeno, quedó tan bien como si nunca hubiera sufrido ninguna molestia.
Solo nos queda rogar a Dios y a la madre naturaleza que nos manden lluvias. Tenemos el consuelo de que los ciudadanos están abriendo los ojos y que el ciudadano Correa cada día baja más en las encuestas.
Lourdes Meloni de Rojas,
Guayaquil