Debo reconocer que he librado una lucha interna muy fuerte antes de tomar la decisión de escribir este artículo.
Y como hay temas que siempre se quedan en el tintero, porque en nuestro querido “Absurdistán” sucede cada barbaridad que amerita con urgencia ser comentada, sobre todo en estos tiempos de la hoz, el martillo, los círculos rosa y los billetes de cien, entre los caras de piedra, la revocatoria del mandato y la Ley Mordaza, se me quedó rezagado el artículo que les debo a los Yankees de Nueva York, flamante campeón de la Serie Mundial de Béisbol del 2009.
Sin embargo, como aún queda tela por cortar en el camino para la aprobación de la Ley Mordaza y ya que vamos a quedarnos afónicos gritando contra el tirano y sus cortesanos nuevos pelucones, por esta ocasión, les pido que me permitan tomarme un pequeño descanso y pagar esa deuda pendiente.
Desde pequeño me gustó el béisbol; a los siete años me paré por primera vez en la cancha de la Liga Infantil de Béisbol de Miraflores y desde entonces, la pasión por el diamante me conquistó para siempre.
Cada patio de la casa de mis amigos o de mis primos se convertió en el Yankee Stadium, en el Camdem Yards o en el Fenway Park.
Mi atesorado guante, que aún vive en algún rincón de mi casa, fue utilizado por Pete Rose y Mr. October; al menos, el narrador de cada uno de estos partidos así lo aseguró; narrador que a la vez, era bateador, primera, segunda, tercera base y umpire.
Pues bien, desde los tiempos en que Jorge Akel narraba la Serie Mundial de Béisbol en diferido, hasta hoy, cuando la magia de la televisión y los satélites nos permite seguir la temporada regular y la postemporada de las Grandes Ligas hasta el clásico de otoño, la pasión por los Mulos del Bronx, por los Yankees de Nueva York sigue intacta.
Desde el come back de los Red Sox para romper la maldición del bambino hace cinco años, hasta hace unas pocas semanas, los yankeros hemos venido de tumbo en tumbo.
Y es que para los Yankees cualquier resultado que no sea la obtención del campeonato, es un fracaso.
He tenido la suerte de visitar el Yankee Stadium; y le puedo asegurar, amigo lector, que la sensación es indescriptible cuando el equipo gana y por los altoparlantes suena el himno de la ciudad, New York, New York, en la voz de Frank Sinatra.
Este año finalmente se dio; C.C. Sabathia, A.J. Burnett, Andy Pettitte, Joba Chamberlain, Jorge Posada, Mark Teixeira, Derek Jeter, Alex Rodríguez, Godzilla Matsui, Robinson Canó y Apaga y Vámonos Mariano Rivera llevaron a los Mulos del Bronx a conseguir el título 27º de las Grandes Ligas.
Los yankeros, niños del ayer, hoy padres y abuelos, estamos de fiesta. El béisbol mundial está de fiesta; en Tokio, Seúl, Nueva York, Pekín, Roma, París, México, Sao Paulo, Buenos Aires o Lima, se alzaron copas y se lanzaron gorras al aire: ¡Los Yankees están de regreso!