- NOV. 08, 2009 - Foto - Seguridad - EL UNIVERSO
Tras las rejas de la Penitenciaría del Litoral varios internos involucrados con casos de narcotráfico narran cómo ha crecido el negocio, en el que les ofrecen mercadería a crédito, se expende a domicilio y por internet.
Laura, de 39 años, quien vendía marihuana y coca con su esposo en su casa, en el suburbio, cuanta que estaban desempleados y todo empezó cuando “llegaron unos tipos y nos ofrecieron que trabajemos vendiendo droga, nos dio miedo, pero con dos hijas que mantener, decidimos hacerlo para ganar algo.
Los tipos, cuyos nombres jamás revelará, porque matarían a su familia, le dieron un crédito para que adquiera el primer kilo de coca, y hasta la capacitaron para sacarle provecho.
“Me enseñaron que para medir debía cortar una hoja de cuaderno universitario en diez partes y cada una llenarla con la perica (coca), para venderla en dos dólares. Además, me recomendaron hacer huecos en la pared para guardar la merca y que no sea descubierta”, dice.
Sin embargo, el consejo no sirvió de mucho porque hace un mes, ella y su marido fueron sorprendidos cuando le vendían el alcaloide a un menor.
En cambio, su compañera de celda, Martha, de 24 años, fue aprehendida mientras transportaba 20 gramos de heroína en un bus, los cuales iba a entregar en Urdesa. “Iba a Samborondón, a las universidades, a las ciudadelas más lujosas de Guayaquil. Mis clientes eran gente famosa que pagaba bien por la venta a domicilio. Ganaba $ 80 diarios”, comenta, e indica que cuando se inició en la actividad –hace dos años– vendía en su casa del Guasmo, pero “como muchos vecinos comenzaron a hacer competencia con lo mismo”, decidió dar un paso adelante con entrega en casas.
Pero el narcotráfico al menudeo se ha extendido tanto que además del servicio tipo Delivery, su comercio también se ha vuelto cosa frecuente en los sitios de internet. “Tengo weed-weed-weed-weed (hierba)”, publica en facebook, messenger y en páginas de anuncios gratuitos, Carlos, de 18 años.
Desde hace un año él vende la coca, la H (heroína) y la marihuana a través de la computadora de su casa, ubicada en una ciudadela privada. Antes, cuenta, solo consumía esas sustancias, pero vende desde que ya no tenía para comprarlas.
“La plata que me daban mis padres no era suficiente, a veces les robaba, pero igual tenía deudas con mis proveedores. Luego ellos me ofrecieron darme droga para vender y a cambio me quedo con una parte”, cuenta el joven, quien además expende el producto en su universidad y fuera de discotecas.