Estamos viviendo momentos de zozobra social. Cada día que pasa no sabemos lo que ocurrirá mañana o qué nueva “solución” se nos tratará de imponer en lo que se ha denominado “el nuevo país”.
La ciudad de Guayaquil ha sido ofendida en su condición libertaria y poder de autogobernarse.
Muchas de las instituciones que han sido manejadas con eficiencia y de manera descentralizada han sido revertidas al Gobierno centralista, que cada día pretende quitarnos más competencias para gobernarnos en una forma dictatorial, solapada tras una falsa democracia.
Gran parte de los ecuatorianos han sido vejados de palabra u obra, “gracias” a una “simpática” y nueva revolucionaria forma de ser. Frente a esta y muchas situaciones que padecemos debemos protestar.
Tenemos la obligación genética de salir del letargo en el que hemos caído, para impedir que se agreda más a la cuna que nos dio la luz y la que cobija en su seno a muchos que ahora son guayaquileños.
La Junta Cívica tiene que recuperar la identidad del guayaquileño ancestralmente madera de guerrero, que no se arrodilla ante nadie y es capaz de dar su propia vida antes que permitir que lo traten de subyugar.
Debemos hacer un alto a las agresiones contra las mujeres. No debemos permitir que con el pretexto de una “gracia” festejada por un montón de adulones se siga mancillando el honor de las ecuatorianas.
Hoy tengo el honor y la grave responsabilidad de ser el nuevo presidente de la Junta Cívica de la ciudad de Guayaquil. Pretendemos desde esta sagrada institución liderar la lucha por el rescate del guayaquileñismo e impedir que se agreda a nuestra ciudad. El viernes 13 de noviembre nos posesionaremos junto con una nueva directiva compuesta por verdaderos guayaquileños que están dispuestos a dejarse matar antes que callar.
Miguel Palacios Frugone,
médico, presidente de la Junta Cívica, Guayaquil