- NOV. 08, 2009 - Foto - Política - EL UNIVERSO
QUITO. El sociólogo y politólogo chileno estuvo la semana pasada en Quito, invitado por Cordes, que celebró su 25º aniversario.
Ernesto Ottone es un politólogo chileno que conoce bien, porque lo ha estudiado y porque lo ha vivido, las urgencias y las limitaciones del poder. Hace más de 30 años llegó a ser dirigente de las juventudes comunistas y luego fue asesor del ex presidente de Chile, Ricardo Lagos. Más que el punto medio, su discurso busca la sensatez, el pragmatismo y, sin embargo, no perder de vista las desigualdades para profundizar la democracia en América Latina. Estuvo en Quito la semana pasada como invitado por los 25 años de Cordes (Corporación de Estudios para el Desarrollo).
Usted habla de prudencia. ¿Cómo es lograrla en una América Latina que sigue demandando cambios urgentes y radicales?
Esa demanda es natural. Entre el 2003 y el 2008, la economía latinoamericana creció fuertemente, con una calidad de desarrollo buena. Logró bajar la pobreza de manera significativa. Esto aparece un poco inexplicable: ¿Por qué si las cosas anduvieron mejor hubo una tendencia de gobiernos de carácter más radical? Bueno, no es tan así; lo que hubo es una tendencia al cambio; en algunos países ganaron gobiernos de centroderecha, como México o Colombia.
Pero son una minoría...
Pero si se toma en cuenta a Brasil y México, los dos grandes países de América Latina, ambos constituyen más de la mitad de la población y el 70% del PIB, en ninguno hay una izquierda radical.
¿En los demás se instaló un discurso radical?
La política no siempre obedece a la misma fase de la economía y los años noventa fueron un tanto desilusionantes; América Latina vivió con mucha fuerza los cambios de la economía global, en donde la democracia no siempre mostró buenos resultados desde el punto de vista económico social. Entonces, justo cuando viene un momento mejor, viene una maduración política buscando cambio. (Ahora) Creo hay izquierdas distintas. Es distinto lo que ha pasado en Uruguay, Chile o Brasil de lo que ha sucedido con la tendencia más bolivariana, por así decirlo. Son dos aproximaciones distintas al cambio. Unas no menos profundas en los cambios, pero con un discurso más prudente, más de continuidad; y otro con un discurso más refundacionalista.
¿Dónde se inscribe el llamado socialismo del siglo XXI?
En el refundacionalismo, por supuesto.
¿Que a veces cae en el populismo?
Claro; algunos lo llaman populismo. El problema es que ese concepto ha sido utilizado para cosas tan distintas que prefiero usarlo poco, no me dice mucho.
¿Cómo se explica la línea del otro grupo de países?
Diría que es la combinación de la audacia en el cambio con la prudencia en el método. Responde a la necesidad, a una maduración de esas fuerzas de izquierda que quieren realizar los cambios, pero con altos niveles de consenso, constituyendo mayorías muy sólidas y duraderas en el tiempo.
¿Y es posible lograr esas mayorías con políticos conflictivos, presionados por exigencias de cambio en un contexto de graves desigualdades?
Es posible, en la medida en que las instituciones sean más fuertes, que haya una mayor cohesión social, que la gente sienta que tiene un futuro. El camino chileno no se explica si no se comprende que en Chile de cada diez estudiantes universitarios, siete son primera generación, sus padres no eran universitarios. Eso quiere decir que hubo un cambio molecular en la sociedad, que se han abierto posibilidades, canales de movilidad muy fuertes. Y eso permite esperar.
En países como Ecuador, la institucionalidad…
Pero esto es producto de que antes las democracias eran débiles. No se entiende el fenómeno Chávez si no se explica la autodestrucción de ese sistema político, con partidos particularistas, que no aprovecharon las riquezas… Entonces, cuando los sistemas son débiles, las posibilidades de ofertas mesiánicas son muy altas.
Un mesianismo que no apunta a una institucionalidad, sino al Estado como concentración...
Eso no tiene que ver con la economía moderna. Es tan falsa la teoría del neoliberalismo que dice nada con el Estado, el mercado ordena todo... Eso no ha pasado nunca en ninguna parte. Ni hablar en la última crisis, cuando los neoliberales empezaron a llamar a gritos al Estado. Y tampoco es del mundo real una misión en la cual el Estado lo copa todo. Si el Estado lo copa todo, hay muchos dinamismos de la economía de mercado que quedan apagados. En todos los países que han tenido éxito hay una combinación entre lo público y lo privado.
Los bolivarianos, para dar continuidad, apuestan por las reelecciones, pero ¿eso no limita la democracia?
Democracia electoral tenemos, y ese es un gran avance; el problema es que en las elecciones no se termina la democracia. Hay que gobernar teniendo en cuenta la voluntad democrática, es decir, que las minorías sean respetadas y puedan transformarse en mayorías. La eternización en el poder no ayuda en la democracia.
Aquí, el Gobierno deslegitima a todo contradictor que no ha ganado elecciones...
Las elecciones no son todo. Un ejemplo que nada tiene que ver con América Latina es (Silvio) Berlusconi (presidente de Italia). Ha concentrado poder económico, medios de comunicación y ha tenido en las urnas un apoyo mayoritario. ¿Quiere decir eso que está por sobre las leyes?, ¿que puede anular las resoluciones de la Corte de Justicia? A él lo han votado para que ejerza el poder de acuerdo con las leyes y la Constitución. Por eso es tan importante respetar y hacer respetar los canales constitucionales e institucionales.
¿Cuál es el papel de la oposición para generar democracia?
El papel de la oposición es defender las instituciones y su derecho a convertirse en mayoría. Para ello debe ser una oposición organizada, que no le quite la sal y el agua (al Gobierno), porque no todo lo que hacen los presidentes está mal. La democracia es oponerse y estar de acuerdo también. En un país que no funciona, la oposición también tiene responsabilidad.
Perfil: Ernesto Ottone
NACIMIENTO
17 de julio de 1948, en Valparaíso.
PROFESIÓN
Sociólogo de la Universidad Católica de Valparaíso (Chile) y doctor en Ciencias Políticas en la Universidad de París III (Francia).
EXPERIENCIA
Ex coordinador del Área de Ciencias Sociales de la Unesco en París; ex secretario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal); ex asesor del ex presidente Ricardo Lagos.