Sábado 07 de noviembre del 2009 Arte y cultura

Wilman Ordóñez a bordo del mundo de nuestros montubios

Jorge Martillo Monserrate

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Wilman Ordóñez, de 40 años, junto con bailarines que integran la Compañía de Danzas Retrovador, que él dirige.

Nuestros montubios no se han ido, están ahí. Transformándose, pero auténticos mientras les demos importancia a sus raíces. Eso lo sabe muy bien Wilman Ordóñez Iturralde, un guayaquileño de 40 años, dedicado a vivir y estudiar la cultura montubia del Litoral ecuatoriano desde su música y danza.

Su vinculación es familiar. Su madre le cantaba valses y pasillos. Su padre siempre valoró su cultura de campesino orense. Y él, siendo un niño de escuela, participó en los programas festivos: “Siempre salía a bailar con cotona, sombrero y con un machete de palo simulando una pelea campesina”.

Pero primero estuvo en un grupo de boy scouts y en la escuela de judo. En 1983 se vincula a la danza. Fue el último de sus cinco hermanos en ingresar al ballet folclórico Amazonas. “Realmente no me gustaba del todo –reconoce ahora– porque como todo joven estaba vinculado a otras músicas y bailes. Lo cual era lógico, porque era un muchacho de barrio: pelotero y jugador de naipe”.

En Amazonas estuvo hasta 1985 porque ahí solo se bailaba música serrana y amazónica, y Ordóñez necesitaba bailar la del Litoral, aquella que sonaba como música de fondo en las historias que contaba su abuelo, Manuel Iturralde Rivera, que luchó en las montoneras del general Manuel Serrano.

“Mi abuelo me decía que nunca olvide que la revolución liberal se hacía con los montubios y que esos montubios eran su familia. Entonces yo quería bailar esa música del campo”, afirma. Ahí comienza a viajar. Primero con su tío Pablo Iturralde navega por el río Los Amarillos del cantón Simón Bolívar, provincia del Guayas.

Recuerda a montubios cantando y bailando en una fiesta nocturna: Puerca, puerca me pediste/ Puerca, puerca te he de dar/ Viva la puerca raspada, salgan todos a bailar/ Puerca me pediste/ Puerca, puerca te he de dar/ Viva la puerca raspada, salgan todos a bailar. “Perseguían a la puerca –ensebada y con los cachos encendidos, explica– y quien la podía tumbar y amarrar ganaba esa especie de juego, canción y baile”.

Así hasta que el 26 de noviembre de 1986, Wilman junto con sus hermanos y cuñado, Álex Aguas, crean la Compañía de Bailes Escénicos Montubios y Porteños Retrovador. Al inicio eran tan solo tres parejas. Todavía bailaba Ordóñez, que deviene en coreógrafo y después en investigador histórico y como tal publica Guido Garay.

Un testimonio necesario; De la montaña al río y Amorfino, canto mayor del montubio. Y en breve dará a conocer: Alza que te han visto. Historia social de la música y el baile tradicional montubio. Pero volviendo a los años ochenta, indago: ¿En esa época cómo era el mundo del folclore y de los otros grupos de Guayaquil? Y él responde: “Era más pequeño y muy andino.

Más pequeño, pero mucho más serio. Los grupos de ahora se han hecho en función de la novelería y la inexperiencia. Hay una carencia de estudios y de vinculación directa con esos pueblos y culturas que ellos dicen representar”.

Después Retrovador se posesiona como una compañía que sigue las enseñanzas de los maestros Rodrigo Chávez y Guido Garay, y desde años atrás, los estudios se realizan de la mano de Wilman Ordóñez, su director ejecutivo.

A partir de mañana, Retrovador participará en el Primer Encuentro Internacional del Folclore Música y Danza, Tradición y Modernidad Guayaquil 2009, en homenaje a los 142 años de fundación de la Universidad de Guayaquil, que se realizará del 8 al 13 de noviembre en diversos escenarios de la ciudad y el país.

En la cita estarán agrupaciones de Colombia, Perú, Venezuela y Ecuador.

Nuestros montubios no se han ido porque somos nosotros, transformados pero auténticos, si les damos importancia a nuestras raíces.

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