Edición del VIERNES 6 de Noviembre del 2009
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La navaja suiza
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nonoilasso@hotmail.com | María Leonor Lasso

Recién cumplió 125 años y todavía conserva su porte y elegancia, pero cuando surge la primera oportunidad revela sus armas ocultas.

Me refiero a la navaja suiza, un objeto funcional, una herramienta cotidiana que al igual que la vida nos muestra varias facetas. Tenía 10 años cuando vi una por primera vez, mi padre solucionaba todo con ella, yo creía que era una varita mágica. Un día esperé a que no hubiera nadie para tomarla con mis manos y descubrir sus secretos: una tijerita, un destapador, una lima de uñas y un palillo de dientes. Qué decepción: ni carrozas, ni vestidos, ni príncipes.

Me puse a buscar semejanzas con la vida y descubrí que todos escondemos algo: Cristina  es tranquilita y educada, se la ve ir y venir con una tímida sonrisa pero nada más cruzar el umbral de su casa se convierte en “Cristi, la temible”. Siempre exhibe su potente tono de voz, su puntería cuando lanza lo que trae directo a la mitad de la sala y por último su capacidad de mando al ordenar que le sirvan el almuerzo.

Elena es la mejor estudiante de leyes, viste de manera discreta y no se le escapa una palabra fuera de contexto, pero a partir del viernes por la noche se convierte en Helen Tacones de Aguja, con su  margarita en mano. Nadie le quita el micrófono.

Tanto la navaja como la mayoría de hombres y mujeres son polifacéticos: empresarios, padres de familia, socialites, esposos y amantes. Sin embargo, no funcionan con la perfección suiza: la mujer acaba desgastada, el amante que finge oportunamente un dolor de cabeza, las invitaciones que se convierten en una obligación. De casualidad me fijé el otro día en que la navaja del año ya no busca abarcarlo todo, se ha especializado en rescate, tal vez me la compre y la lleve en la cartera por si acaso uno de estos días se me pelan los cables y se me ocurre incendiar la oficina o la casa. No quisiera que alguien resulte herido.

El próximo mes nos obliga a mostrar todos nuestros talentos, sobre todo los ocultos: multiplicarnos y poder estar en muchos sitios, tener un detalle para todos los que apreciamos, salirnos de la dieta y seguir entrando en nuestra ropa, y todo con una sonrisa en la boca. Es que la vida cotidiana es más extraña de lo que pensamos. Solo los niños lo saben y no se avergüenzan al mostrar su asombro.

Para terminar les dejo con la primera estrofa de la canción de Rubén Blades, Pedro Navaja, interpretada eternamente en mi memoria por un querido tío, que nadie pensaría que esconde un dote innato para la comedia: “Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar/ con el ‘tumbao’ que tienen los guapos al caminar/ las manos siempre en los bolsillos de su gabán/ pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal.

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. ¡Ay Dios!”


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