Edición del VIERNES 6 de Noviembre del 2009
Sambo - Logo
EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Nuevas puertas
    En bandeja
    Salud y belleza
    Del momento
    La mirada
    Moda
    Eventos
    Gastronomía con Epicuro
    Decoración
    De boca en boca
    La Cristi
    Ojos bien abiertos
    Conectados
La Cristi 
Velatorios fashion
ampliar imagen ampliar imagen

Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
lacristigye@yahoo.com

Aunque el tema puede sonar un poco muy creepy o absolutamente desfachatado, quiero decir que en mis últimas visitas a Parques de la Paz me he dado cuenta de varias, pero varias cosas que son más desatinadas que el titular de esta columna… Aquí van algunas de ellas.

¿Cuánta gente hay que va a absolutamente todos los duelos de alguna persona que por ahí tiene algún nexo? Léase, que es la hermana de la abuelita de mi mejor amiga que se murió, entonces voy a acompañar a mi mejor amiga… Pero si la muerta no es la abuela de su amiga, ¿para qué va?

Mi teoría es la siguiente… va para salirse un rato de la oficina o para ponerse la blusa blanca de lino que le trajo la mamá de viaje, o ese pantalón de broches negro que la hace verse cinco libras más flaca.

Quizás va para poder ir a almorzar luego con las amigas en Las Terrazas, que está tan de moda en Samborondón… o en Noé… ¿A cuánta gente no se ve entre semana todas de negro y blanco pero en gran chacotada comiendo en los restaurantes ‘in’?

Otro punto es el saludo… ¿Por qué hay que darle beso a toda la parentela del finado que está sentada en primera fila si solo conocemos a uno?  ¿No les parece como chancho para esa persona que está sentada, triste porque perdió a su ser querido, que vengan cientos de seres desconocidos a darle el pésame?  Es que yo he visto de todo. El otro día vi cómo una señora le decía a una chica que lloraba desconsoladamente: Yo fui íntima amiga de tu mamá en primaria, salíamos siempre, no la veo desde hace más de 20 años, pero no sabes lo amigas que somos… A esa chica que perdió ese día a su madre… ¿de qué le sirve esta conversación? La respuesta es obvia, ¡absolutamente de nada!  Pero resulta que la malcriada no es la señora impertinente, es la chica si se rehúsa a seguir saludando… ¿No sería justo que la sociedad guayaca le perdone a uno el protocolo si está pasando por el día más triste de su vida?

Algo que no falla es que cuando el duelo ya lleva horas de horas  y uno está cansado del ambiente tan serio, callado, tenso, triste, y la gente empieza a conversar un poco, nunca falta la vieja castigadora que empieza a fiscalizar como si fuera la encargada de disciplina… ¿quién le dio el cargo?

Y por último, pero no menos importante, qué tal el cantante de velatorio que parece que tuviera garganta inquieta y la voz se le corta cada vez que entona: “Bendecid, oh Señor, las familias. Amén. Bendecid, oh Señor, la mía tambié-e-en”.

¿Por qué no nos ayudamos un poquito y ponemos algo de música alegre, el aire menos congelado, nos permitimos conversar de los lindos recuerdos que tenemos de aquel que partió, y no nos fijamos en el pantalón de broches negro que la chica otra vez repitió?


© Derechos Reservados Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados