Unos cuantos llegaron de Perú. Hay también nombres prestigiosos que elaboran vinos de altísima calidad. El solo hecho de juntarlos es un desafío para el paladar. A través de mis seis más recientes viajes a los viñedos de Chile y Argentina me dejé impresionar por hombres geniales que mantienen una gran humildad, crean al mismo tiempo maravillas. Es el caso de Ignacio Recabarren, cuyo vino Carmín me deslumbró en una memorable cata (Robert Parker, el gurú, le dio 97 puntos); de Pablo Morandé, quien influyó en Ignacio al cosechar uvas blancas en Casablanca; Aurelio Montes; el joven Marco Puyo, en San Pedro, y aunque no lo conozca, el genial Francisco Baettig de Errázuriz. Acabo de descubrir su Sauvignon blanco Max reserva 2005 y el Cabernet Sauvignon del mismo año. Espectaculares ambos.
Volviendo a la cata en Coquus, Sebastián Villavicencio, quien me había sorprendido al preparar toda una cena con los limitados ingredientes de McDonalds, decidió acompañar (como se dice en música) una gama de vinos de Pablo Morandé. La cata principal fue vertical, es decir, ofreció el mismo tipo de vino pero de diversas cosechas, desde 1999 hasta el 2005. Es siempre interesante comparar aromas, taninos, persistencia del sabor, escuchar la voz de quien creó los vinos. Había allí muy buenos paladares, es esencial compartir. La cena estuvo a la altura: láminas de durazno caramelizadas, jaiba, aceite olivas (de Morandé), polvo de pistacho sobre un Chardonnay 2005 Gran Reserva. Maridaje perfecto, espuma de foie gras envuelta en calabacines (zucchini) asados, los cachetes de res, mullidos, cocidos en vino tinto sobre cama de yuca confitada y aceite de estragón. Sutiles aunque sin complicación. Cayó muy bien allí un House of Morandé 2001. El postre, sorbete de naranja, vainilla, sobre tapioca de naranja –textura sorprendente– con polvo de piel de naranja y perfume de vodka, ¿verdad que suena bien? Una delicia en do sostenido mayor como el famoso claro de luna.
Me acerqué a Pablo Morandé, quien se encontraba solo en una mesa como presentador de la cata. Mano enérgica pero cálida, mirada frontal pero expresión de un carácter algo introvertido como lo reconoció luego, amante de la música clásica (no falta más), atento a sus cinco sentidos y a su genuina sensibilidad. Coincidimos en encontrar el House of Morandé 2005 como favorito. Me sorprendió que Pablo haya escogido un vino de cosecha tardía (Late Harvest 2007) para acompañar los quesos, pero ya sabemos que cayeron en desuso los tintos a esta altura. Sigo pensando que queso azul y vino dulce forman un matrimonio ideal.
Morandé sigue cosechando premios en todos los concursos, se luce siempre en Quito en la Gran Gala organizada por la Cofradía del Vino. Muchos restaurantes nuevos se atreven a fomentar una nueva aventura. Ecuador tiene el potencial necesario para emular a Perú. Tenemos que desarrollar nuestro turismo gastronómico.
Mi viaje a Barranquilla me demostró que nosotros tenemos también en reserva muchas sorpresas, sabores exóticos, frutas insólitas para los extranjeros. Hemos progresado mucho en la elaboración de los quesos, incursionamos con cierto éxito en la de los vinos.