Quien provoca todo lo que ocurre en el país es nada más y nada menos que el único pensador que existe entre los ecuatorianos. Si tuviera oídos para con los sectores sociales que lo llevaron a Carondelet no hubiera convulsión social en el Ecuador.
Debe dejar la vocinglería sabatina y atender las demandas sociales. Debe fiscalizar su propio gabinete y funcionarios cercanos, para dar demostraciones serias de que combate la corrupción. Debe cumplir los acuerdos entablados en los diálogos sociales con el movimiento indígena y el magisterio. Debe atender las demandas de los trabajadores, como la derogatoria al Decreto 1701, entre otras cosas. Pero su nivel de entendimiento, sintonía y pulso con las demandas sociales le impiden ver más allá y, peor, oír más allá de su círculo. Sigue jugando con fuego. No es correcto que por narcisismo político crea y “trate” de mostrar al país que tiene un “inmenso respaldo”, cuando las encuestas indican lo contrario.
No es coherente de que lance una serie de sátiras, insultos, diatribas y todo lo que le venga en gana. Debe dejarse de soberbias y piruetas políticas.
Remo Cornejo Luque,
licenciado, Guayaquil