Vivo en Pasaje, El Oro, en la ciudadela La Adolfina. Estuve residiendo en Madrid, España, casi nueve años y he regresado ya que la cosa no iba tan bien allá, como antes.
Volví a mi querido Ecuador trayendo de regalo para mi sobrino una minimoto pero, ¡vaya sorpresa!, cuando arribé a Guayaquil en la Aduana me la quitaron.
Me dicen que está prohibida la importación y que solo hay dos soluciones: una es embarcarla nuevamente para que se vaya a Madrid y la otra es dejarla en la Aduana como “objeto perdido”. O sea, que se la cogerían estos. Cómo está mi querido Ecuador; ¿cuándo va a progresar?, ¡nunca! Si eso pasa solo con un regalo que trajo un migrante, ¿qué será con lo que traigan otras personas? He estado en la Aduana reclamando y no hay manera de que me devuelvan lo que es mío. Les dije que si tengo que pagar algo me lo digan y lo pago; pero no hay manera de que me escuchen.
Ni bien aterricé en Guayaquil y necesité coger un carrito maletero para llevar mi equipaje hasta afuera del aeropuerto y me sorprendió que me cobraron 2 dólares por el carrito, cuando en Madrid se cogen los que hagan falta y no se paga ningún euro. Otro cobro son los 35 dólares en el aeropuerto a la salida del Ecuador. Lo que no se da en España. Todo esto si lo multiplicamos por cientos o miles de viajeros que salen del país ya se pueden hacer una idea de tanta plata que cogen. ¿Qué harán con todo ese dinero o adónde se va?, no sé. En fin, así me recibió mi lindo Ecuador. No saldrá adelante porque hay un sistema incapaz de desarrollarlo a la altura de grandes naciones.
Luis Redrován Bustos,
Pasaje, El Oro