- NOV. 03, 2009 - Foto - País - EL UNIVERSO
SALASACA, Tungurahua. Conejo, cuy, pollo y una variedad de bebidas llevan las familias al cementerio de esta localidad.
Raúl Masaquiza, ex gobernador del pueblo Salasaca, el “Ayamarcay” (Día de los Difuntos) se fortalece entre los pobladores de esta parroquia para mantener la tradición ancestral de llegar con productos propios de la tierra (mote, papas, cuy, conejo, pan, colada o alguna otra bebida) y en familia compartir al pie de las tumbas.
“Todos nos reunimos para primero rezar el Padrenuestro y luego, según el difunto, el padre o madre, comienza a repartir los alimentos desde el hermano mayor; a continuación se hace la “tomina” (recaudar fondos entre los familiares) para comprar alguna bebida y termina el ritual orando.
A estos acontecimientos asisten desde los más pequeños de la casa y ellos van conociendo nuestra forma de recordar este momento, argumentó.
Según Manuel Masaquiza, Jiménez, vicealcalde de Pelileo, este día es sagrado para el pueblo que llega hasta el cementerio con dos tipos de carne, de cuy o de conejo, mote pelado con haba o arveja, pan, esperma, vino, colada morada, naranjas, plátanos, aguacates y corona de flores.
Advirtió que “compartir los alimentos con los difuntos” es como muestra del agradecimiento que se hace a la Pacha mama (madre tierra) por la producción de los frutos que brinda en un año de cultivos y los difuntos que fueron enterrados “se están haciendo tierra y se fortalecen con la comida que se les lleva”.
Asimismo, en comunidades indígenas de las parroquias Santa Rosa y Juan Benigno Vela, a través de los maestros de la Dirección de Educación Bilingüe se pretende retomar costumbres ancestrales de llevar alimentos a los cementerios para compartir con los difuntos.
Rosa Toalombo, maestra de la escuela Dr. Plutarco Naranjo, de la comunidad de Angahuana Alto de Santa Rosa, explicó que a los niños poco a poco se les inculca para retomar las tradiciones de los antepasados, pero que todavía es difícil por la aculturización de estos pueblos.
Manuela Tisalema, madre de familia de la comuna, recordó que hace quince años salía con sus padres al cementerio llevando comida en el Día de los Difuntos, pero que ahora no, porque siente “vergüenza de la murmuración”.