- NOV. 03, 2009 - Foto - Cine y TV - EL UNIVERSO
Las cadenas televisivas del Gobierno ya podrían tener un horario, incluso pauta publicitaria. Es entendible y necesario que el Gobierno recurra a esta instancia para informar sobre algún tema relevante a la ciudadanía. Pero el exceso minimiza la atención, con tanta cadena e informe, lo que era un espacio de alerta se vuelve un comercial de detergente.
Ahora resulta que las cadenas se han convertido también en un arma reactiva. Es decir, salen los indígenas a protestar, reacciono, ocupo espacios, respondo.
Lo que es peligroso y lamentable es que muchas cadenas bajo el disfraz de la información están apareciendo cargadas de juicios de valor, descalificaciones y argumentos que parecen sospechosamente engañosos.
Por ejemplo, en la cadena sobre la Ley de Educación se comunica que las universidades tendrán prácticamente libertad para todo, eso sí, siempre y cuando se ajusten a la ley, ¿a qué ley?, a la Ley de Educación que se está discutiendo. Es decir, usted puede entrar y salir de mi casa cuando quiera, tiene la libertad, siempre y cuando no sea antes del mediodía y usted vaya vestido con un pantalón azul y bien afeitado.
Esto parece ser un manejo arbitrario e intencional del lenguaje para engañar, y eso es condenable. Por último, no deja de resultar gracioso, o triste, que la cadena que habla sobre mejorar la educación comience con una sobreimposición que tiene una falta de ortografía.