Para muchos no será desconocido el cuento El traje nuevo del emperador, escrito por Hans Christian Andersen. Relata la historia de un emperador que tenía como gran defecto cambiar constantemente de traje.
Fue tanta su vanidad, que unos rufianes le montaron una trampa para timarlo; pero él, teniendo la verdad al frente, la ignoró.
Quienes debieron advertirle (sus consejeros y ministros) se callaron y aprobaron la mentira; pero al final la verdad se la vio desnuda y fue afrenta para el emperador; todo esto en presencia de su pueblo.
Cuando escucho y leo en los medios de comunicación lo que pasa con el Proyecto Hidroeléctrico Coca Codo Sinclair, no puedo más que unir esos eventos con lo que sucede en este cuento.
Hace algunos años con pomposa ceremonia en el Palacio de Gobierno de Carondelet, Ecuador y Argentina, representados por sus primeros mandatarios, develaban la primera piedra. Luego se supo que Enarsa, por Argentina, sería el socio estratégico.
Pasaron los meses y se informó que esta empresa abandonaba el proyecto, y en su reemplazo viene una empresa china dispuesta a financiarlo. En su momento se cuestionaron las conexiones de Enarsa; pero algo más importante no se ha clarificado, la viabilidad técnico económica del proyecto.
Si bien esta obra por muchos años ha sido una aspiración del sector eléctrico, las nuevas condiciones que se le imponen (cambio de la potencia de 759 a 1.600 MW) crean dudas al respecto.
Esta es una de las razones que Enarsa esgrimió, además de la crisis económica mundial, para justificar su salida; pero claro, sin antes solicitar se le devuelva lo invertido hasta el momento. Lo que se espera es que este tema no tenga un desenlace tan triste como el cuento de Andersen, pues en nuestro caso, el país será quien sufra las consecuencias.
Tenemos esperanza de que la sensatez debe orientar estas obras de inversión que nuestro país necesita urgentemente, para asegurar el suministro eléctrico futuro.
Roberto Carrión Cevallos,
ingeniero, Quito