Otra acción del Gobierno Nacional sin debida planificación técnica. Frente a la crisis económica mundial, Enarsa, de Argentina, prefirió dejar de ser accionista (30%) de la compañía privada Coca Sinclair y que cuenta con Termopichincha como accionista mayoritario con el 70%.
Coca Sinclair, compañía privada, se constituyó con un capital de 400.000 dólares americanos y pretende administrar la obra que tiene un costo inicial de 2.000 millones de dólares americanos. Caso parecido aconteció cuando el Estado ecuatoriano se asoció con la CGC (Compañía General de Combustibles) de nacionalidad argentina, que debía invertir en la explotación de petróleo en el campo de Ancón como socio estratégico de la Espol.
También le afectó la crisis del corralito del 2001 y la empresa tuvo que abandonar el proyecto, dejándolo en manos de su ayudante Pacifpetrol, en un caso digno de estudios jurídicos que resultan increíbles.
El financiamiento de la presa, considerada la mayor obra de este Gobierno, provendrá de un crédito que ha ofrecido el Export Import Bank (Eximbank) de China por $ 1.700 millones.
Las condiciones de este crédito son con la ley china. Plazo de quince años con tres de gracia en ciertos casos; el dinero no ingresará al país si se decide comprar turbinas chinas, por ejemplo.
Según la carta de intención de Sinohidro, que fue el único oferente para la construcción de la obra, este crédito deberá ser avalado por el Estado ecuatoriano, así que si la privada Coca Sinclair no pagara, lo tendría que hacer Ecuador.
La obra demorará cinco años en construirse y la potencia instalada será de 1.500 MW en valor potencial, a 4 centavos de kilovatios hora, y determina un plazo de diez años para cancelar la deuda.
El presidente de Coca Sinclair salió al paso y dijo que según el rediseño, el proyecto podría ampliarse hasta los 1.500 MW de capacidad. Los estudios actualizados no existen y deberán realizárselos con la contratista.
Sin embargo, los técnicos nacionales manifiestan que el proyecto no puede ampliarse a 1.500 MW porque en el río Coca no hay caudal suficiente para mover las turbinas de esa capacidad, y solo alcanza hasta 850 MW como máximo. La antes Inecel determinó una potencia parecida, es decir, 859 MW.
Al entender de cualquier neófito, son buenas razones para la dedicación de un equipo técnico de alto nivel que disipe los nubarrones que ha habido para que la obra no se realice hasta la fecha. Este tema tiene varios lustros. En el tiempo del Dr. Velasco Ibarra se concluyó que no era conveniente, por las cercanías a un volcán activo, el Reventador. Además, la construcción de presas hidráulicas ha disminuido en el mundo en forma considerable. En Brasil, país que el 90% de energía que consume la producen las hidráulicas, a la postre el resultado es crítico debido al deterioro que produce al ambiente; el agua estancada se transforma en inocua sin servicio por falta de oxígeno y sobre todo por la producción de metano que causa el efecto invernadero y el calentamiento global.
El deterioro del ecosistema acá se agiganta porque la presa se realizaría en la zona más vulnerable del territorio ecuatoriano. Los daños serán irreparables y no habrá estudio que aminore el impacto ambiental y su manejo. Las características y variables del proyecto se acentúan con el tiempo. De tal suerte que habrá que determinar nuevamente los parámetros que sirvan para la realización de un estudio actualizado técnicamente. Los técnicos chinos, muy respetables en el campo de las finanzas, que yo sepa no tienen capacidad suficiente para hacer este tipo de trabajos, debido principalmente al desconocimiento de la región, con el desprendimiento progresivo de grandes macizos de elementos erosivos de origen volcánico, que van aumentando de volumen porque los Andes es la cordillera más joven del planeta y su corteza aún no está consolidada. Esta constituye la causa por la que colapsaron San Francisco y todas las presas construidas en la Sierra ecuatoriana que no han cumplido el objetivo programado. Argentina abandonó el tren; por algo será. Nosotros continuamos con los chinos hacia el precipicio.
Walter W. Wiesner,
ingeniero, Guayaquil