Sábado 31 de octubre del 2009 Seguridad

Nos acostaron con los muertos, dice ‘Tierrita’

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Carlos Santana Anchundia, alias Tierrita, cuando narraba la forma en que supuestamente fue esposado y luego guindado.

Con aparente tranquilidad, Carlos Santana Anchundia, alias Tierrita, y Eduardo Álvarez Conforme, alias Nayder, recluidos desde el miércoles pasado en el pabellón Cuerpo Consular de la Penitenciaría del Litoral, relataron las supuestas torturas a las que fueron sometidos para declararse culpable y cómplice, respectivamente, de las muertes de Sonia Jaramillo y su hija, Claudia Poppe, asesinadas en su departamento de Lomas de Urdesa, en septiembre pasado.

“Yo era ladrón, no criminal, a mí no me cogen robando, sino saliendo de  mi casa en Urbanor. Yo ya estaba trabajando por la derecha, ya me había salido (de la vida delictiva) por mi esposa, mi hija de 9 años y por la que viene en camino; ellos (la Policía)  son los que me ensucian”, dijo Tierrita.

Santana y Álvarez sostienen, tal como lo confesaron al perito psiquiatra de la Fiscalía, Jorge Rodríguez Calle, que luego de que fueron detenidos, los agentes capturadores los llevaron a la morgue de la Policía.

“En la morgue me tuvieron ocho horas y a mi causa (Nayder), doce. Estaba vendado, me pusieron cinta de embalaje en los ojos y esposado con las manos atrás...”, relató Tierrita, sentado en la oficina del jefe de seguridad del reclusorio, Aníbal Fuel, quien sostuvo que por la fama de ‘trepador’ de paredes que tiene el interno está recluido en un pabellón sin acceso directo a los patios.

Carlos Santana dijo que no podría identificar a quienes los habrían torturado, pues “teníamos cubiertos los ojos, pero no quisiera saber nada de ellos porque he recibido amenazas (de muerte)”.

El interno indicó que los tenían incomunicados, “decíamos que nos dejen hablar y no nos dejaban, como cuatro o cinco días nos dieron palo”.

En su supuesto paso por la morgue, Santana recordó que fue guindado de las manos. “Para que no haya señas me pusieron un periódico con cinta de embalaje (en las muñecas), para que las esposas no dejen  huellas, y de ahí me alzaban con una piola...”, relató.

El detenido añadió que por el movimiento la cinta de los ojos se despegó en un tramo y alcanzó a “ver un muerto, mi pana (Nayder) vio como a tres muertos, nos acostaron en una plancha, esa fue la tortura de ellos para que nos hagamos cargo (de los crímenes)”.

Álvarez corroboró lo dicho por Tierrita, pero añadió que fue metido en los frigoríficos, donde se guardan los cadáveres no reconocidos.

“Me metían y sacaban del frigorífico, me pusieron junto con los muertos, me ahogaron, me daban palo, todo lo que se declaró fue bajo presión y tortura. Somos inocentes”, dijo Nayder.

Ambos detenidos indicaron que fueron golpeados hasta confesar los crímenes. “Me pegaban en las orejas y donde nos caiga, pedían que nos hagamos responsables (de las muertes) porque nosotros tenemos antecedentes de treparnos a las casas. Esa es la sospecha de ellos, no tienen a quién culpar... Dónde están las huellas, ahí no hay huellas de nosotros”, dijo.

No obstante Edmundo Mera, jefe de la Policía Judicial del Guayas, dijo que se halló parte de una huella en un vaso de cristal y que podría corresponder a Tierrita. Indicó que el rastro levantado coincide en cinco de doce puntos con la huella del dedo medio de la mano izquierda del presunto asesino.

Sobre otras evidencias, como aretes y relojes que la Policía Judicial dice haber hallado, el detenido asegura que “fueron puestas en mi casa”.

Durante la reconstrucción de los hechos, según Tierrita, fueron guiados por los agentes. “Ellos me guiaban en ese momento, cómo iba a decir lo que pasó si no conocía nada, ellos mismos me ponen las manos para que suba. Súbete –me decían– súbete, si no ya sabes...”.

El jefe del departamento de Medicina Legal de la Policía, Juan Montenegro, no quiso referirse al tema.

Santana ha fugado dos veces de la Penitenciaría, una trepando paredes y otra en un tanquero de agua.

Él anotó que ahora ve el reclusorio como un sitio seguro, “donde tengo amigos, por eso le dije al psiquiatra que no diga nada hasta que me traigan acá. Solo espero que verdaderos investigadores, que sin maltratos, averigüen las cosas cómo son”, indicó Tierrita.

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