- OCT. 18, 2009 - Foto - Internacional - EL UNIVERSO
NUEVA YORK, EE.UU. Protesta ciudadana en reclamo de una asistencia médica universal, frente a una aseguradora de salud.
Siendo blanco de acusaciones de ser socialista y con la cruda realidad de liderar la nación más poderosa del mundo, pero a la vez la única industrializada sin régimen de salud pública de acceso universal, el presidente Barack Obama libra una dura lucha para reformar el sistema sanitario estadounidense.
En EE.UU. es responsabilidad de los ciudadanos asegurarse la cobertura médica. Muchos la consiguen por sus empleadores y otros con seguros de salud privados que pagan mensualmente, pese a lo cual deben costear parte de los tratamientos, lo que se conoce como “deducibles”.
Las primas de los seguros han aumentado cuatro veces más rápido que los salarios y el porcentaje de empleados que paga un deducible anual mayor a 1.000 dólares creció del 1% al 18% entre el 2000 y el 2008.
En consecuencia, cada vez más estadounidenses son incapaces de pagar un seguro de salud, y si enferman deben cancelar los costos sanitarios de su propio bolsillo y elegir entre no recibir tratamiento o declararse en bancarrota por las astronómicas facturas médicas.
Por ello, unos 47 millones de personas, sobre una población de 300 millones, no tienen seguro y 25 millones de ciudadanos tienen cobertura inadecuada para sus necesidades, a lo que se suma que quienes están cubiertos luchan con un sistema plagado de deficiencias, burocracia y costos exorbitantes.
Cien años de fracasos
Antes que Obama, el presidente Teodoro Roosevelt, quien gobernó hasta 1909, propuso una reforma que garantizara cobertura universal y fracasó; un plan similar de Harry Truman, en los años cuarenta, sucumbió al ser calificado de comunismo al estilo soviético.
Y a inicios de los noventa, una virulenta campaña de sectores de negocios, similar a la actual, dio al traste con los planes de reforma de Bill Clinton.
“En Estados Unidos gastamos miles de millones de dólares al año en el sector salud. Eso implica mucha gente haciendo mucho dinero y, por lo tanto, hay muchos intereses tratando de mantener las cosas como están”, destacó Aaron Caroll, profesor de la Universidad de Indiana, quien ratifica que estos intereses que se opusieron a Clinton constituyen el principal obstáculo para Obama.
El analista de asuntos económicos de la BBC, Steve Schifferes, los identifica: “Hay muchos intereses, de los hospitales privados, de las compañías farmacéuticas, de las aseguradoras, de los propios médicos, que sienten que saldrían perdiendo con esta reforma y tienen influencia en el Congreso”.
Para Grace-Marie Turner, presidenta del Instituto Galen, un centro de investigación basado en Washington, otra razón del fracaso es que en EE.UU. no hay un solo sistema de salud sino varios programas con diferentes regulaciones y presupuestos, muy complejo y fragmentado, sin una ley única.
Este panorama se debe, como señala el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, en un artículo publicado en The New York Review of Books, a que “fracasados intentos de cambiar el sector salud nos han dejado con un sistema en el que el gobierno paga directa o indirectamente por más de la mitad de los gastos de salud, pero el servicio en sí es ofrecido a través de una compleja y loca telaraña en la que convergen compañías aseguradoras, hospitales privados y otros sectores que añaden costo sin agregar valor”.
Ante esta oposición, Obama abandonó algunas propuestas específicas, dejando al Congreso los detalles del plan, pero siempre con dos requisitos claves: extender la cobertura para quienes no están asegurados y reducir los costos.
¿Obama socialista?
Entre los opositores al plan de salud de Obama están además quienes piensan que hay una agenda socialista del gobierno.
La reforma ha sido etiquetada como “socializante” por grupos conservadores, siguiendo la idea cultivada durante la campaña electoral del 2008 de que Obama es un “socialista”, lo que para los conservadores equivale a decir “comunista”.
Una legión de periodistas y analistas de derecha, liderados por Wes Vernon, un veterano reportero de Washington, aseguran que la reforma de salud busca crear un sistema controlado por el gobierno, en el que se desplazarán a los prestadores privados de servicios, es decir, es un “plan socialista”.
La Casa Blanca ha explicado que la reforma no implica desaparición de empresas privadas o que el gobierno no tendrá injerencia en el servicio de salud que reciban los ciudadanos, pero el temor al “socialismo” y la desconfianza al poder del gobierno es fuerte en EE.UU., aseguró el economista y comentarista político Isaac Cohen.
“Es un legado de la Guerra Fría (…) Lo que es sorprendente es que se están utilizando las tácticas, de infundirle miedo a la gente, que se usaron durante la Guerra Fría. Creo que el debate en salud está dirigiéndose hacia eso, hacia infundirle miedo a las personas”, agregó.
Cifras: Contraste
$2 billones
EE.UU. gasta más que cualquier país del mundo en su sistema de salud.
47 millones
Casi una sexta parte de estadounidenses no tiene cobertura médica.