Burocratismo ineficiente

El alcalde de Guayaquil denunció hace unos días, en entrevista con este Diario, una serie de decisiones centralistas y burocráticas que vienen obstaculizando la actividad normal del Cabildo, desde la compra de cemento hasta la recolección de basura, pasando por la contratación de estudios de factibilidad para obras públicas.

Varias de estas resoluciones parecen deberse no solo a un mezquino celo político sino, peor aún, a torpeza e ignorancia. No hay otra manera de explicar, por ejemplo, que se les exija a las grandes empresas que cotizan en las bolsas de valores que informen quiénes son sus propietarios para poder venderle a los municipios, cuando ni siquiera los más altos ejecutivos de esas compañías disponen de esa información ya que el mercado de acciones es por su naturaleza anónimo.

Aunque estos requisitos absurdos perjudican en teoría a todos los municipios, diera la impresión de que solo a algunos, como el de Guayaquil, se los vigila para que los cumplan al pie de la letra. Habrá que reclamar, entonces, que se dejen de lado estas dedicatorias.

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